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viernes, 8 de febrero de 2008

Inkesta... El Horno: ¿On u Out?....

Hoy leo en diversos medios que Caparrós va a contar con el de Gallarta para el partido contra el Levante y no se va a atrever a poner en el puesto de lateral izquierdo, en sustitución de Koikili, a Exposito o al ya curtido Moya que juega en el Bilbao Athletic o a cualquier otro jugador...

Tras lo que ha sucedido estos días atrás, los ríos de tinta que se han vertido sobre este chico, me gustaría, clientes del Ambigú, haceros una pregunta, ya que yo estoy aún más perplejo que ayer cuando escribí indignado la entrada Chulos hasta pa perder y se me ha subido mucho más la temperatura...

Por ello quiero saber qué piensan sobre este supuesto otras personas con el mismo interés que yo por este Athletic.

Os hago estas preguntas, a modo de encuesta:


1.- ¿Os parece correcta la decisión de El Joaqui de alinearle de titular el domingo contra el Levante, encender (opción On) de nuevo "el Horno" y así darle otra oportunidad?

2.- ¿Opináis que es mejor castigarle ejemplarmente, olvidarnos ya de él esta temporada y dejarle siempre en posición de apagado (opción Out)?...

3.- Escribid lo que os salga de las narices, pero motivándolo...


Otra pregunta...

4.- ¿Cuál creéis que será la reacción de la grada al verle en el campo?...

Contestad, porfi!...

miércoles, 6 de febrero de 2008

Schwarzenegger y las Aventuras de Zipi y Zape

Los más veteranos clientes del ambigú recordarán la colección "Magos del Humor", de Editorial Bruguera.

Entre los personajes más entrañables de esa colección estaban, sin duda, los hermanos Zipi y Zape. Creo recordar que Zipi era el rubio y Zape el moreno. Su padre se llamaba D. Pantuflo García Zapatilla (aunque solo usara su segundo apellido) y su madre Doña Joaquina (Jaimita, en algunas versiones)

Pues bien: la primicia que ha conseguido el ambigú gracias a un cliente achispado que ha bebido más de la cuenta y ha desatado la lengua es la siguiente: Zipi y Zape vuelven. Y no de cualquier manera, sino de la mano de toda una estrella de Hollywood: nada menos que el Gobernador de California.

La Discográfica Bolueta S.R.I. (Sociedad de Responsabilidad Inexistente), que llevaba tiempo pensando en desembarcar en el mundo del cine, ha comprado la exclusiva de los derechos de Zipi y Zape, y va a llevar al cine un guión basado en esos personajes, con la compañía de Schwarzenegger, para reforzar su fuerza en la taquilla de los EE.UU.

El guión no está escrito, pero hemos tenido acceso a un primer borrador. Lo hemos puesto en prosa vulgaris y lo publicamos tal cual, aunque no garantizamos que sea el guión definitivo. Miremoslo como una aproximación. Que lo disfrutéis.

Poli de Guardería 2: El retorno de Zipi y Zape

Don Pantuflo García Zapatilla se estaba desnudando para meterse en la cama. Cada uno de los calcetines pesaba una tonelada. Y es que don Pantuflo había tenido un día agotador. De nuevo sus hijos habían sumado una nueva preocupación a añadir a la que le ocupaba casi todos sus pensamientos, y que no era otro que la Universidad para la que trabajaba estaba pensando en eliminar la cátedra de Filatelia y Colombofilia, que él ocupaba y que gozaba de 100 años de antigüedad, lo que supondría su descenso a la categoría de simple profesor titular, un segundo del catedrático de "Ocio y Coleccionismo", su viejo rival de siempre.

Pero por si ese riesgo, no pequeño, no fuera poco, estaban los hijos: ¿qué iba a hacer con ellos?

Durante los años en los que Zape estuvo fuera, Zipi se portó algo mejor. Es cierto que tuvo problemas de salud que no dejaron de preocupar a Don Pantuflo, pero parecía que por fin se le iba a poder reconducir.

Pero apareció doña Joaquina. Esta, madre al fin, y frente a toda evidencia, se empeñó en hacer volver a Zape: "-Con mis cuidados mejorará", dijo. No le importaron las noticias de que lejos de casa, en vez de mejorar, su comportamiento había empeorado. Don Pantuflo -que pese a su imagen de dureza que cultiva sobre todo con los que son más débiles que él, en el fondo es un poco panoli- no tuvo corazón para negarse.

Y Zape volvió. Y con él se agravaron los problemas.

Don Pantuflo hizo una pausa en su reflexiones

-¡Si me pongo a pensar en todo lo que ha pasado en los últimos meses voy a volverme loco! pensó.

Así que mientras bebía un vaso de agua -tenía la garganta seca tras la enésima bronca a sus hijos- su cabeza se centró solo en los últimos acontecimientos.

Lo del accidente ya había sido demasiado para sus nervios. Es cierto que sus hijos se vieron mezclados en un asunto de dos cuadrillas de niños mucho más grandes que ellos, pero eso no era un eximente: debían haber dicho que no. Aunque con estos críos, ¡quién sabe si no fueron ellos mismos quienes lo propusieron!

El resultado, un choque en el que se ven envueltos una furgoneta -que no se sabe bien si transportaba cerámica o patatas- un coche de empresa -propiedad de una inmobiliaria local- y .... Aquí don Pantuflo pudo al fin sonreir: y nadie más. Porque el profesor de la guardería que últimamente no se despegaba de sus hijos estuvo providencial sacándoles del asunto en el último momento.

Don Pantuflo no había visto siempre con buenos ojos a ese profesor. Una gestión desafortunada del anterior presidente de la cooperativa de padres de la guardería (cargo que ocupaba ahora don Pantuflo) había disparado el coste de su contratación. Un pretendido hermano de don Pantuflo decía, seguramente en broma, que "iban a estar pagando por él durante 100 años".

Pero a la vuelta de Zape el profesor no se había ocupado de sus hijos. Primero lo intentó un melifluo que decía que todo era cuestión de darles amor. Luego otro que empezó arrollando, como un volcán, pero que se rajó enseguida.

Hasta que apareció el nuevo. Y por fin empezó a justificar su utilidad: les sacó a sus hijos indemnes del accidente. No así los de la furgoneta, que recibieron una buena bronca en público por parte de sus padres.

Don Pantuflo envidiaba a esos padres. A él también le gustaría hacer lo mismo. Pero su delicada situación en la Universidad era demasiado delicada. Un escándalo era lo último que necesitaba. Y además estaba doña Joaquina ...
No era la única ocasión en la que esa especie de Poli de Guardería había tenido ocasión de lucirse: en una de sus correrías por el barrio vecino -donde suelen ir pensando que allí no les reconocerán- sus hijos habían estado a punto de tener una trifulca importante, pero también entonces el acompañante les había sacado del apuro.
Claro que, cabe preguntarse si un profesor que ha costado, o puede costar tanto dinero a la guardería, hace bien en llevar su celo hasta acompañar a dos de los niños a sitios tan poco recomendables, pero don Pantuflo prefería ver el lado positivo: que su contratación empezaba a mostrarse útil. Ya habría tiempo de analizar otras cosas.

Pobre doña Joaquina. El defensor del menor, ese curioso sujeto de cara alargada, se creía que todo era culpa de ella y ya empezaba a plantearse pedir que le retiraran la patria potestad. Afortunadamente para él, a don Pantuflo no se le acusaba tanto. Y era una suerte: la casa que le cedió su amigo, en la que vivía actualmente, era el único lugar al que podía ir. Y su amigo fue claro: "para ocupar esta casa tienes que tener hijos. Sin hijos, no hay familia, y sin familia no hay casa."

Por eso don Pantuflo, que tantas veces había estado a punto de echar a sus hijos, no podía hacerlo: les necesitaba. Una ley tácita de su familia le impedía adoptar; si lo hiciera, podría perder su herencia. Mirara donde mirara, don Pantuflo estaba cogido.

Recordaba los penosos intentos de acudir a la inseminación artificial. Fue un fracaso: el médico -el Dr. Solar- le decía que es que eso no era un ciencia exacta. ¡Qué gran médico el Dr. Solar! A don Pantuflo se lo había recomendado un amigo, antiguo político. Los demás amigos de don Pantuflo nunca entendieron que este confiara su "asunto" a Solar: al fin y al cabo, éste solo había ejercido la medicina poco tiempo y como dentista.

-¡Gente sin imaginación!- refunfuñó don Pantuflo, como si lo más importante no fueran el sentido común, el saber organizarse y sobre todo la confianza, siempre la confianza. ¡Qué hubiera sido de don Pantuflo sin sus amigos!


También estaba el problema de los alumnos. La vuelta de Zape representó una boca más que alimentar. Todavía se le revuelve la bilis a don Pantuflo cuando tuvo que ir a pedir un aumento del 15% al rector. Y la humillación de que se lo negara en primera instancia. Al final obtuvo un 14%, pero a costa de trasladarlo al coste de las matrículas. Los alumnos sabían el porqué de la subida, y a medida de que se iban enterando de como se portaban Zipi y Zape, se les iba notando cada vez más hartos, casi agresivos.


Algunos hasta habían empezado a poner pintadas en las paredes de la universidad. Don Pantuflo, siempre vigilante del honor de la familia, había amenazado con ser implacable con los autores de esas acusaciones anónimas; pero de poco había servido: las acusaciones empezaban ya a aparecer hasta en los boletines informativos que circulaban por el campus.

Tras terminar su vaso de agua, don Patuflo fue dejar el vaso en la cocina. Al hacerlo vió una lata de Coca-Cola vacia y se desmoronó: aquello había sido lo último.

Y es que no hemos dicho que Zape tenía problemas de obesidad y de diabetes. Tenía prohibida el azúcar por ambas razones.

Y sin embargo .... Zape había vuelto a desobedecer y a tomar un exceso de Coca-Cola. DonPantuflo estaba desolado.

Y Joaquina, destrozada, llorando en su habitación, sin saber qué hacer ya para sacar adelante a sus hijos. Don Pantuflo estaba empezando a dudar si, cansada de luchar, no les abandonaría antes de que el defensor del menor se presentara a retirarle la custodia. Pero entonces, ¿qué sería de él? ¿a quién acudiría?

Aquella señora serbia que había trabajado en varias casas de la vecindad estaba libre, algunos vecinos se la recomendaban; pero no le gustaba a su familia. Y ya se sabe: solo vendría por dinero, por mucho dinero.

-¿Por qué será todo tan difícil?, se preguntaba don Pantuflo García Zapatilla.

¡Ingrato! Simpre quejándose de sus hijos mientras que sus hijas, a las que no hacía caso, siempre fueron lo contrario que sus hijos: cumplidoras, serias, trabajadoras, obedientes ... Y sin embargo él nunca les había querido. ¿Aprendería ahora a valorarlas más?