Han pasado un buen puñado de trienios desde que escuché por vez primera en un campo de futbol a unos ultras corear este soniquete: Pucela... Pucela... Pucela, me la pela.
No es mi intención agraviar al que será el próximo visitante de La Catedral. En realidad, traigo a colación la anécdota porque, de alguna forma, uno tiene la sensación de que ni el partido ni el rival importan demasiado en comparación con los duros y, a la vez, atractivos enfrentamientos que aparecen en la agenda del Athletic para las próximas dos semanas. Si nos abstraemos del partido frente al Real Valladolid (lunes, 22:00 horas), el sabrosísimo menú que tenemos por delante incluye, sucesivamente, los siguientes platos: ida de los cuartos de final de la Copa frente al Atlético de Madrid; visita liguera al Club Atlético Osasuna; vuelta de la eliminatoria de Copa en Bilbao; y como colofón, uno de los enfrentamientos, si no el más, más esperados por el aficionado cada temporada: en San Mamés, choque liguero ante el Real Madrid. Con este calendario por delante, no es de extrañar que los comentarios en los corrillos rojiblancos se centren muy poco en el equipo pucelano.
La cuestión es que frente al Valladolid habrá tres puntos en juego, como en esos otros partidos, a priori, más atractivos para el espectador, y la experiencia nos deja bien claro que, en materia futbolística, la liebre salta donde uno menos se lo espera. Así que es conveniente no perder de vista este partido, las condiciones en las que llega el Athletic y al propio rival.
No viene el Valladolid en un gran momento de juego y resultados. Todo lo contrario. Empezó el curso con más dudas que certezas y a medida que ha ido discurriendo la primera vuelta su trayectoria ha tendido a empeorar. Pertenece a ese grupo de equipos que a mitad de la liga ya se ven abocados a jugar semana a semana finales y partidos clave. No me gusta que los jugadores o el entrenador utilicen en rueda de prensa la manida expresión partido trampa o que vengan a decir que el partido será muy difícil. El cuarto clasificado, invicto en casa y con un nivel de juego más que aceptable no puede caer, en ninguno de los casos, en las posibles trampas que le tienda un equipo que está en el furgón de cola de la liga. Pero esto es un juego y puede pasar cualquier cosa. El mejor antídoto para evitar sustos es afrontar el partido con la misma mentalidad (aunque uno es muy consciente de que esto es más fácil decirlo que hacerlo) que se afrontarán, sin ningún género de dudas, los cuatro siguientes. Con una buena aptitud, con un nivel de juego más o menos normal en relación con lo que está ofreciendo el Athletic este año y con el soporte espiritual de una Catedral que no conoce aún el mal sabor de la derrota, estos tres puntos deberán quedarse en Bilbao. Bajar el nivel en alguno de los aspectos anteriores, por contra, es comprar papeletas para ganar un premio amargo e inesperado.

Respecto a cómo afronta el Athletic este partido, es obvio que las ausencias son la principal preocupación que podemos tener en este momento. Al menos tres jugadores se perderán el choque con seguridad: San José, Rico y Muniain, y la presencia de Susaeta, por el momento, es dudosa. Hablamos de tres titulares y un semititular, si se me permite la expresión. No sólo eso, hablamos de algunos de los mayores goleadores del equipo y, aún más, del que, en mi opinión, sorprendentemente, ha venido a erigirse en el jugador más importante durante la primera mitad de la temporada. Es precisamente la baja de Mikel Rico la que abre la puerta a un sinfín de posibilidades para la formación de un once titular el lunes por la noche. Probablemente, en la cabeza de Valverde dichas posibilidades serán muchas menos y, además, es muy posible que entre todas ya tenga tomada una decisión. Como no estamos presentes en la mollera de Txingurri y, como buenos comentaristas de barra de bar que somos, lo que nos gusta es opinar sobre lo que no sabemos, allá va una idea de lo que puede ser el equipo que el Athletic alinee inicialmente frente al Valladolid.
Dando por hecho que la retaguardia no es muy probable que varíe respecto de su formación más habitual (Iraizoz, Iraola, Gurpegui, Laporte, Balenziaga), la mayor incertidumbre se centra en cuál será la composición del centro del campo, quedando alguna que otra duda a resolver en la delantera.
Con Valverde, que cree en las rotaciones, no es fácil acertar cuando va a dejar a un titular en el banquillo y cuando no. El hecho de que Rico no esté me hace plantearme dudas respecto a la posibilidad de que también prescinda de Iturraspe como titular. Quizás piense que Itu debe parar algún partido de este próximo quinteto y que es mejor que pare contra el rival teóricamente más flojo, en cuyo caso en el medio centro seguramente comparecería Morán. Ahora bien, hay que tener en cuenta que el chaval, al que es indudable que le faltan tablas y se le nota aún algo tierno, podría estar tocado anímicamente por el fallecimiento hoy de su aita (desde este Ambigú le enviamos nuestras más cariñosas condolencias), por lo que en esta mano voy a pedir mus antes de envidar con las pobres cartas que llevo.
La gran pregunta, sin embargo, no es quién jugará de medio centro sino quién sustituirá a Rico. No hay en la plantilla un jugador con sus características, especialmente físicas, por lo que, cualquiera que sea el nombre del sustituto, tenemos que pensar que va a ofrecer unas prestaciones diferentes. Si se trata de apostar lo haría por que al medio centro, Itu o Morán, lo acompañará Herrera como volante y un poco más en la media punta De Marcos. La omnipresencia de Mikel Rico es imposible de suplir en los ciento y pico por setenta y tantos metros del campo, pero con el de Laguardia se asegura uno un trabajo destajista, al menos, de tres cuartos de campo para arriba y, sobre todo, mucha llegada al área. En el fondo, volvería a recuperarse la media habitual de las dos últimas temporadas.

El sudoku se completaría con la delantera. A falta de Muniain, en la izquierda parece probable que repita Ibai. Si Susaeta está en condiciones físicas óptimas, apuesto a que sale de inicio en la banda derecha, aunque quizás no juegue los noventa minutos. Y como delantero centro, siguiendo un poco el patrón que ha venido utilizando el entrenador de ir dosificando los partidos a Aduriz, me da la impresión de que la titularidad va a ser para Kike Sola.
Dicho todo lo cual, los pronósticos se hacen para fallarlos y no me extrañaría nada que Ernesto Valverde nos sorprendiera, como ya ha hecho varias veces esta temporada, con cualquier otra decisión inesperada.
Por último, no quisiera acabar sin hacer mención a un tercer aspecto (además del rival y del propio Athletic) que tendrá su importancia en el partido, por más que esta sea virtual y no tangible: San Mamés. Soy profundamente creyente en lo que a rachas, estados de ánimo o como quiera llamarse a eso que no se puede explicar pero que ocurre en el futbol. En la última década, la otrora inexpugnable (o casi) Catedral se había convertido en la casa de tócame Roque: el hecho de que un equipo de nivel medio (por no decir bajo) como el Levante, que además no se jugaba nada, se llevara los tres últimos puntos ligueros que se disutaron en el viejo San Mamés es buena muestra de esta situación, que yo siempre he pensado que se asemeja a la de las invasiones bárbaras arrasando los últimos vestigios del Imperio Romano.

Y es en este punto, cuando la parroquia había empezado a aceptar con cierta resignación que aquel fortín que fue San Mamés (donde para puntuar había que jugar mucho y, generalmente, bien) , cuando se produce un traslado a un nuevo campo, del que se sospechaba que no iba a tener la capacidad de empuje y presión que el anterior, es aquí, digo, cuando nos encontramos que la fortaleza ha vuelto a erigirse de forma majestuosa, de tal manera que ganar en casa al Athletic es, por ahora, tarea imposible. Obviamente, no es bueno perder en casa contra nadie, pero especialmente cuidadosos deberíamos ser con no perder en casa este próximo lunes contra el Valladolid. Por los tres puntos en juego y porque a corto plazo nos visitan rivales de mucho tronío y siempre será mejor recibirlos enseñoreandonos en nuestra imbatibilidad que después de haber sido derrotados por uno de los colistas.