De las muchas metáforas, tópicos y lugares comunes que suelen utilizar los cronistas deportivos, uno de los más acertados es el de la resaca. Ese estado entre la vida y la muerte, o más bien esa muerte en vida, o ese momento en el que nuestro propio cuerpo parece ajeno, prestado o alquilado, y que se padece después de una noche de excesos asociados a una abundante ingesta de alcohol etílico, tiene una correspondencia casi perfecta en lo que le ocurre a muchos equipos de futbol después de vivir algún acontecimiento igualmente excesivo: un tremendo derroche físico para alcanzar un sonado triunfo o, incluso, para acabar en un penoso fracaso, una clasificación agónica, una celebración desatada, etc. Todos sabemos de qué se habla cuando alguien hace alusión a una resaca copera o una resaca europea.
La pasada temporada, el Athletic sufrió unos cuantos fines de semana resacosos. La Champions League es una competición que exige mucho en diversos aspectos. Los rivales pueden tener mayor o menor nivel futbolístico, pero casi siempre son equipos físicamente fuertes y correosos y suelen exigir mucho desgaste a sus contrincantes. Por otra parte están los viajes, que en el caso del equipo rojiblanco durante el curso pasado fueron, a veces, largos y pesados. Finalmente, hay un componente de desgaste mental que también consume muchos recursos y que se manifiesta en la mentalidad de los jugadores, en su forma de afrontar los retos y las dificultades. En resumen, que tras un martes o un miércoles de Champions, noches europeas de derroche y excesos, lo normal era comparecer a la siguiente cita liguera con el cuerpo y la mente hechos unos zorros. O sea, con una buena resaca. El equipo bilbaino no llevó nada bien esa mala vida durante los meses que estuvo vivo en las competiciones continentales y peregrinó con más pena que gloria por la Liga hasta que cayó eliminado en Europa.
Hay muchas teorías en torno a cómo combatir una resaca. Un médico seguramente diría que hay que tomar vitamina tal o cual, beber agua en abundancia, o hacer esto o lo otro para ayudar al páncreas o al maldito órgano que sea que está generando tal mortificación. Un veterano boina verde de las resacas probablemente dirá que la mejor forma de acabar con ellas es pegarse un lingotazo de alcohol, que es, en realidad, lo que el cuerpo está solicitando con tan lastimosos síntomas: más de lo mismo. Si hablamos de futbol, también hay diversas formas de afrontar una situación así.
El Villarreal, próximo rival del Athletic, disputó ayer el partido correspondiente a la primera jornada de la fase de grupos de la Europa League. Respecto al último partido liguero, el equipo castellonense presentó diez cambios y todo parece apuntar a que este domingo el once que ponga en liza Marcelino García vuelva a ser similar al que ha venido utilizando en la competición doméstica frente al que sacó ayer en la europea. La prensa especializada hablaba estos días de que la confección de la plantilla del Submarino Amarillo había estado encaminada a conseguir un equipo A y un equipo B capaces de competir con garantías en los diversos torneos que dispute. Efectivamente, el Villarreal cuenta con una plantilla con mucho fondo de armario, como suele decirse ahora, y eso, de alguna forma, les inmuniza frente a los efectos indeseados originados por competir en varos frentes. Se permiten viajar a Viena sin jugadores como Soldado o Pina o tener en su segunda unidad a otros como Denis Suárez o Adrián. La cuestión es si esto es posible llevarlo a la práctica, si una plantilla puede desdoblarse en dos equipos de prestaciones equivalentes. Por ahora, en la Liga las cosas les están yendo bien al equipo de Marcelino: ocupan el cuarto puesto con siete puntos, permaneciendo invictos tras haber ganado dos partidos y haber empatado otro. Sin embargo, han tropezado en su primera cita europea. Desde luego, el domingo a las 18:15 horas en El Madrigal es prácticamente seguro que el equipo local no tendrá el menor síntoma de resaca, pues lo más probable es que alineará contra el Athletic un equipo diferente casi en su totalidad.
El caso del equipo rojiblanco será bastante diferente y no hay que tener grandes dotes adivinatorias para suponer que sí notará la resaca europea. La incógnita está en saber cuánto afectará al rendimiento de los jugadores: mucho, algo o poco. Ni la plantilla está confeccionada para disponer de un equipo A y otro equipo B, ni la plaga de lesiones que sufre desde el comienzo de la pretemporada permitiría que se diera esta circunstancia. Da la sensación, en estos inicios del curso, de que la plantilla es algo más completa que en ediciones anteriores, que hay algo más de margen a la hora de alternar jugadores en diferentes puestos, siendo esas combinaciones, en líneas generales, si no plenamente equiparables en cuanto a rendimiento, sí bastante similares. En este sentido, parece que se puede afrontar con más garantías y optmisto de lo que podría afrontarse antes los posibles efectos adversos producidos por el desgaste en partidos como el de ayer ante el Augsburg. Aún así, es obvio que habamos de un equipo en el que hay una serie de jugadores prácticamente insustituibles, con un perfil o unas competencias muy exclusivas, lo cual impide jugar mucho con las alineaciones sin que se resienta el equipo. El peculiar juego rojiblanco, que para plantar cara con éxito a sus rivales necesita desarrollarse siempre a un alto rango de revoluciones, hace que en un calendario tan apretado como el presente, la gestión de las alineaciones pueda caer en situaciones tales como que Beñat o Aduriz necesitarían de vez en cuando algún respiro, aunque eso es más complicado hacerlo que decirlo, dado el peso fundamental que estos jugadores tienen en el rendimiento del equipo. Hasta el momento, tanto el centrocampista como el delantero lo están jugando prácticamente todo y aún queda mucha tela que cortar hasta el próximo parón liguero, razones por las que hay quien opina que quizás este domingo sea el momento idóneo de dar descanso a alguno de ellos, especialmente a Beñat.
El domingo saldremos de dudas.





