Los ferroviarios.
Así parece que les gusta a los mirandeses que les llamen.
No es extraño. Esa localidad burgalesa ha sido, durante muchos años, un importante nudo de comunicaciones ferroviarias.
En nuestro caso, Miranda ha sido y es paso obligado en el viaje a Madrid. No quiero ni pensar cuántos miles de zurigorris -empezando por mi aita- han parado en Miranda en el camino a decenas de finales.
Ahora la parada camino de la final será algo más que un alto sin salir de la estación: habrá que jugar un partido. Y con vuelta obligada en San Mamés.
Al ser un rival de 2ªB, es fácil caer en la tentación de pensar que nos espera un trámite. Tan fácil que seríamos los cuartos en creerlo. No hace falta que os recuerde qué ha sido de los otros tres "listos" que han pensado eso antes de nosotros. Incluyendo a un Espanyol mejor clasificado que nosotros en la liga. Un Espanyol que ya estaba avisado y que aún así no solo cayó en Anduva, sino que salió vivo de su propio campo gracias al árbitro.
Así que ojito.
De mis viajes infantiles en Talgo para visitar a la parte de mi familia que vive en Madrid, recuerdo que a veces las paradas en Miranda eran interminables, haciendo el viaje largo y extraordinariamente pesado. Hasta el punto de que a pesar de que -dicen- han mejorado las cosas gracias al Alvia, el tren es una opción que descarto siempre.
Aunque debo añadir que, pese a las obligadas cautelas y el respeto que el Mirandés se ha ganado a pulso, yo espero que salgamos enchufados y que decidamos la eliminatoria hoy.
Aunque no se me escapa que eso tendría un efecto indeseado. Si hoy zanjamos el tema, en el partido de vuelta, a las diez de la noche, no me quiero imaginar el aspecto que puede ofrecer San Mamés. Aspecto que podría ser poco acorde con lo que se espera de nosotros en una semifinal de copa.
Pero no corramos. Hay que jugar el partido de hoy y evitar relajaciones y cuentos de la lechera. De momento, parece que Bielsa va con todo. Y todo debería ser suficiente, ¿no?










