lunes, 22 de marzo de 2010

Cuentos de Primavera - La ejecución

Unos primerizos rayos de sol, trémulos, no acertaban a calentar el asfalto que pisaba. Como un soplo helado me tocó el alma esa desagradable sensación, parecida al vómito, que produce la cercanía de la derrota final. Un final por la vía de la violencia.

Ahí estaba yo, por primera vez vacilante. Sí, el verdugo por excelencia, el más frío y despiadado de los ejecutores, el que no tenia espacio para el perdón, aquel capaz de rematar en el suelo a su víctima, sin miramientos, sin escrúpulos, sin la más mínima duda, ahora, próximo al final, temblaba.

¿Debería abandonar? ¿Intentar, de alguna forma, redimirme a los ojos de mis enemigos?...he llegado tan lejos en el camino de humillarlos que si ahora prometiese no avanzar más…tanto daría volver como llegar hasta el fin…no, supongo que no hay misericordia posible.

Según me dirigía, con paso extenuado, al lugar marcado sonaban en mi cabeza los consejos recibidos de mis superiores, todos estos años, en un vano intento de prepararme por si llegaba este momento.….”haz que tu semblante oculte lo que tu alma medita…..adopta el inocente aspecto de la flor pero sé la serpiente que hay tras ella…amarra cuanto puedas las cuerdas de tu valor…”

Pero todo eso era ya inútil. El sudor comenzaba a irritar mis ojos, presa de los nervios, supongo, consciente de que había pasado, así, de golpe y porrazo, de ejecutor a ejecutado. Notaba el castañeteo de mis rodillas mientras me hacían asistir, obligado, a los preparativos de una liturgia que conocía perfectamente, de un ceremonial cruel pensado solo para agrandar la soledad y el miedo del ajusticiado.

Pronto el silbato de la autoridad competente anunciaría el final y quizás, las lágrimas de los que me quieren, de los que en mi todavía confían sofocarán el viento…cuando vean mi cuerpo abatido en el suelo…

No podía dejar de pensar en cómo había acabado allí. Por una mujer. Maldita sea. Conociéndome nadie jamás hubiera apostado por esto. Aquel arranque de sentimentalismo barato, extraño en mí, me había llevado a decidir que debía sustituir a aquella joven, de ojos tiernos y sonrisa cálida, que no merecía tener semejante final. Ese era el trato, ocuparía yo su lugar con tal de que la dejaran marchar. Ella tenía, todavía, mucha vida por delante.

Y ese momento de conciencia, de honor y principios tuvo que acometerme justo entonces…decididamente nunca tuve suerte en la vida….justo en la confrontación contra el bando más duro en esta inclemente guerra, el mismo al que en la primera batalla habíamos convertido en puré, en simple papilla.

Aquel bombardeo continuo al que les sometimos días atrás, al final, lo pagaría yo solo. Sí, la ira del enemigo se volcaría entera sólo sobre mí. Porque allí estaba yo de pie, agarrado de la mano de mi soledad, abandonado por todos.

Con todo, pensaba, era lo justo. Al fin y al cabo era yo el que me había llevado todos los honores días atrás al hacer morder el polvo al paladín que los capitaneaba y que estaba consiguiendo, él solo, demorar la derrota de sus huestes. La ejecución despiadada e impecable, clave para la victoria final, que dirigí en aquella ocasión ahora me pasaría factura. Caería en mi propia ley, con mi propio método.

Y ahí estaba yo, despojado de todo el poder, completamente indefenso frente a ese mastodonte que eligieron como mi verdugo. Todavía tuve el valor suficiente para clavar mis ojos en él. Su cara tenía la expresión de un bloque de hielo. Lo habían reclutado exclusivamente pensando en esta segunda batalla. Un asesino más brutal que yo, según decían. Un carnicero sin un solo gramo de sentimiento. Y es que nadie es más de temer que el mercenario sin escrúpulos. Por experiencia propia puedo decirlo. Ante nosotros, cualquier genio se encoge, como se encogía Marco Antonio ante César.

“Seguro que éste no conoce siquiera mi nombre”, pensé. ¿Acaso importaba?. Me miró y en un solo segundo me hizo entender que con él no valían trucos. Que todas esas artimañas a las que se recurre en estos casos y que, a veces, a mi mismo me habían hecho vacilar no harían en su cara de sicario analfabeto mella alguna.

El momento llegaba…terminado el ceremonial previo, dirigió hacia mí su mortífero cañón y esbozó lo que me pareció ser una media sonrisa…..no quise no hacer nada….no quise quedarme quieto y firme….no sería yo quien facilitara las cosas….por muy cobarde que algunos juzgaran esa opción……grité…moví los brazos…me incliné ligeramente hacia un lado… me agazapé como un batracio….intentando alterar esa terrible frialdad…sin dejar de mirar aquel proyectil que al sonido del silbato me dejaría tirado en el suelo como un perro sarnoso……o no….o me llevaría a la gloria de aquella mañana de Domingo, si mi estirada intentando alcanzar el cielo azul evitaba lo que parecía inevitable.

Sí, se que ningún locutor lo relatará eufórico, que ningún canal de televisión lo repetirá a cámara lenta, que ningún fotógrafo captará el instante glorioso para la portada de una revista especializada…..porque en estas plazas de barrio….en estos partidos a cara de perro donde en las mañanas de verano las niñas con trenzas, de ojos tiernos y sonrisa cálida, también tienen su oportunidad de completar el equipo si es que Javier, Koldo y Fran siguen castigados en casa……en estos bravos partidos entre coches aparcados y bolsas a modo de postes, los penalties de último minuto o consagran o se convierten en la tumba donde morimos los valientes.

Y sonó mi voz, como una vergonzosa súplica….”no vale barrenazo, eh!”…..

206 comentarios:

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Anónimo dijo...

Anónimo dijo...
Hermano, si por un casual peibolin alcanzase el trono ¿tendriamos libre acceso al palco, al txoko, a viajar en el charter del primer equipo, etc ? ¿ Nos facilitaria los datos ( direccion, telefono, etc) de los compromisarios?


De facilitar teléfonos es preferible el de las compromisarias...

Karramarro dijo...

Nunca bien ponderado renano,

Disculpas aceptadas, no podría ser de otra manera, aunque si por algún casual la deriva jurista se apoderase de mi sé que hay quien fiscaliza rigurosamente el ciclotímico. Y por supuesto, imprima usted lo que desee, le doy permiso hasta para colgarlo en el tablón de anuncios del batzoki.

Una vez desfacido el entuerto, procedo a seguir lurkeando el blog, algo que hago a menudo.

Saludos a la amatxu.

Anónimo dijo...

Estimado TAO, si conocieses a Pamelitas la compromisaria irredenta, no pedirias su telefono, y "es la mas mejor" de todas ellas.

Anónimo dijo...

Hermano Kroma, has observado el buen talante de Karamarro, y sabes el motivo, la afiliacion al Alderdi, cosa que tu debieras hacer antes de convertirte en estrella mediatica nocturna.

Renovarias al Yeste de hace 5 años?
Al de la vispera del Austria de Viena.

Txusi dijo...

Entra el Karramarro y convierte el tugurio en una coctelería de "Pititas"...juju.

Karramarro dijo...

Oiga señorita, sin faltar que aquí uno será educado y fino, pero le pega al txakoli, al txikito y hasta al patxaran si hay una partida de mus de por medio.

Dios, con tanta tx parezco un sociata de nuevo cuño.

Las coctelerías las dejo para los pijos que se mueven por el ensanche.

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