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lunes, 22 de diciembre de 2014

jueves, 3 de abril de 2014

El hijo de Butch Cassidy


¿Quién no recuerda a Paul Newman y a Robert Redford en Dos hombres y un destino? Interpretaban, respectivamente, a Butch Cassidy y The Sundance Kid, los legendarios forajidos que lideraban la no menos célebre Banda del Desfiladero. Sabemos que ambos bandidos existieron y que su banda realmente se llamó The Wild Bunch (Grupo Salvaje), pero que por razones evidentes -aún estaba reciente la película homónima de Sam Peckimpah- el estudio prefirió cambiar su nombre. No conocemos qué hay de cierto en su épica huída y aunque sí parece ser verdadera su estancia en Bolivia, no está claro que acabaran sus días tiroteados por una patrulla de la policía de ese país, tal y como se narra en el filme de George Roy Hill. En otra película,  Blackthorn (Mateo Gil, 2011), por ejemplo, se ofrece al espectador la alternativa de que Butch Cassidy sobreviviera más de dos décadas en suelo boliviano a los hechos narrados en la cinta norteamericana. 


Vayamos un poco más lejos. ¿Y si Butch Cassidy hubiera tenido un hijo? ¿Y si éste, William Brett Cassidy, hubiera sido árbitro de futbol? ¿Habría salido el chaval, el árbitro, tan bandido como su progenitor? El escritor argentino Osvaldo Soriano relata esta versión de los hechos en El hijo de Butch Cassidy (1993):
El Mundial de 1942 no figura en ningún libro de historia pero se jugó en la Patagonia argentina sin sponsors ni periodistas y en la final ocurrieron cosas tan extrañas como que se jugó sin descanso durante un día y una noche, los arcos y la pelota desaparecieron y el temerario hijo de Butch Cassidy despojó a Italia de todos sus títulos.

Mi tío Casimiro, que nunca había visto de cerca una pelota de fútbol, fue juez de línea en la final y años más tarde escribió unas memorias fantásticas, llenas de desaciertos históricos y de insanías ahora irremediables por falta de mejores testigos.

La guerra en Europa había interrumpido los mundiales. Los dos últimos, en 1934 y 1938, los había ganado Italia y los obreros piamonteses y emilianos que construían la represa de Barda del Medio en la Argentina y las rutas de Villarrica en Chile se sentían campeones para siempre. Entre los obreros que trabajaban de sol a sol también había indios mapuches conocidos por sus artes de ilusionismo y magia y sobre todo europeos escapados de la guerra. Había españoles que monopolizaban los almacenes de comida, italianos de Génova, Calabria y Sicilia, polacos, franceses, algunos ingleses que alargaban los ferrocarriles de Su Majestad, unos pocos guaraníes del Paraguay y los argentinos que avanzaban hacia la lejana Tierra del Fuego. Todos estaban allí porque aún no había llegado el telégrafo y se sentían a salvo del terrible mundo donde habían nacido.

Hacia abril, cuando bajó el calor y se calmó el viento del desierto, llegaron sorpresivamente los electrotécnicos del Tercer Reich que instalaban la primera línea de teléfonos del Pacífico al Atlántico. Con ellos traían una punta del cable que inauguraba la era de las comunicaciones y la primera pelota del mundo a válvula automática que decían haber inventado en Hamburgo. Luego de mostrarla en el patio del corralón para admiración de todos desafiaron a quien se animara a jugarles un partido internacional. Un ingeniero de nombre Celedonio Sosa, que venía de Balvanera, aceptó el reto en nombre de toda la nación argentina y formó un equipo de vagos y borrachos que volvían decepcionados de buscar oro en las hondonadas de la Cordillera de los Andes.

El atrevimiento fue catastrófico para los argentinos que perdieron 6 a 1 con un pésimo arbitraje de William Brett Cassidy, que se decía hijo natural del cowboy Butch Cassidy que antes de morir acribillado en Bolivia vivió muchos años en las estancias de la Patagonia con el Sundance Kid y Edna, la amante de los dos.

No bien advirtieron la diversidad de países y razas representados en ese rincón de la tierra, los alemanes lanzaron la idea de un campeonato mundial que debía eternizar con la primera llamada telefónica su paso civilizador por aquellos confines del planeta. El primer problema para los organizadores fue que los italianos antifascistas se negaban a poner en juego su condición de campeones porque eso implicaba reconocer los títulos conseguidos por los profesionales del régimen de Mussolini.

Algunos irresponsables, ganados por la curiosidad de patear una pelota completamente redonda y sin tiento, se dejaban apabullar por los alemanes a la caída del sol mientras la línea del teléfono avanzaba por la cordillera hacia las obras del dique: un combinado de almaceneros gallegos e intelectuales franceses perdió por 7 a 0 y un equipo de curas polacos y desarraigados guaraníes cayó por 5 a 0 en una cancha improvisada al borde del río Limay.

Nadie recordaba bien las reglas del juego ni cuanto tiempo debía jugarse ni las dimensiones del terreno, de manera que lo único prohibido era tocar la pelota con las manos y golpear en la cabeza a los jugadores caídos. Cualquier persona con criterio para juzgar esas dos infracciones podía ser el árbitro y así fue como mi tío y el hijo de Butch Cassidy se hicieron famosos y respetables hasta que por fin llegó el télefono.

Hubo un momento en que la posición principista de los italianos se volvió insostenible. ¿Cómo seguir proclamándose campeones de una Copa que ni siquiera reconocían cuando los alemanes goleaban a quien se les pusiera adelante? ¿Podían seguir soportando las pullas y las bromas de los visitantes que los acusaban de no atreverse a jugar por temor a la humillación?

En mayo, cuando empezaron las lloviznas, el capataz calabrés Giorgio Casciolo advirtió que con la arena mojada la pelota empezaba a rebotar para cualquier parte y que los enviados del Fuhrer , que ya probaban el teléfono en secreto y abusaban de la cerveza, no las tenían todas consigo. En un nuevo partido contra los guaraníes el resultado, luego de dos horas de juego sin descanso, fue apenas de 5 a 2. En otro, los ingleses que colocaban las vías del ferrocarril se pusieron 4 goles a 5 cuando se hizo de noche y los alemanes argumentaron que había que guardar la pelota para que no se perdiera entre los espesos matorrales. A fin de mes los pescadores del Limay, que eran casi todos chilenos, perdieron por 4 a 2 porque William Brett Cassidy concedió dos penales a favor de los alemanes por manos cometidas muy lejos del arco.

Una noche de juerga en el prostíbulo de Zapala, mientras un ingeniero de Baden-Baden trataba de captar noticias sobre el frente ruso en la radio de la señora Fanny-La-Joly, un anarquista genovés de nombre Mancini al que le habían robado los pantalones se puso a vivar al proletariado de Barda del Medio y salió a los pasillos a gritar que ni los alemanes ni los rusos eran invencibles. En el lugar no habia ningún ruso que pudiera darse por aludido, pero el ingeniero alemán dió un salto, levantó el brazo y aceptó el desafío. El capataz Casciolo, que estaba en una habitación vecina con los pantalones puestos, escuchó la discusión y temió que la Copa de 1938 empezara a alejarse para siempre de Italia.

A la madrugada, mientras regresaban a Barda del Medio a bordo de un Ford A, los italianos decidieron jugarse el título y defenderlo con todo el honor que fuera posible en ese tiempo y en ese lugar. Sólo cinco o seis de ellos habían jugado alguna vez al fútbol pero uno, el anarquista Mancini, había pasado su infancia en un colegio de curas en el que le enseñaron a correr con una pelota pegada a los pies.

Al día siguiente la noticia corrió por todos los andamios de la obra gigantesca: los campeones del mundo aceptaban poner en juego su Copa. Los mapuches no sabían de que se trataba pero creían que la Copa poseía los secretos de los blancos que los habían diezmado en las guerras de conquista. Los ingleses lamentaban que sus enemigos alemanes se quedaran con la gloria de aquel torneo fugaz; los argentinos esperaban que el gobierno los sacara de aquel infierno de calor y de arena y en secreto tramaban un sistema defensivo para impedir otra goleada alemana. Los guaraníes habían hecho la guerra por el petróleo con Bolivia y estaban acostumbrados a los rigores del desierto aunque no tenían más de tres o cuatro hombres que conocieran una pelota de fútbol. También formaron equipos los curas y obreros polacos, los intelectuales franceses y los almaceneros españoles. Los franceses no eran suficientes y para completar los once pidieron autorización para incorporar a tres pescadores chilenos.

Los alemanes insistieron en que todo se hiciera de acuerdo con las reglas que ellos creían recordar: había que sortear tres grupos y se jugaría en los lugares adonde llegaría el teléfono para llamar a Berlín y dar la noticia. William Brett Cassidy insistió en que los árbitros fueran autorizados a llevar un revólver para hacer respetar su autoridad y como la mayoría de los jugadores entraban a la cancha borrachos y a veces armados de cuchillos, se aprobó la iniciativa.

Se limpiaron a machetazos tres terrenos de cien metros y como nadie recordaba las medidas de los arcos se los hizo de diez metros de ancho y dos de altura. No había redes para contener la pelota pero tanto Cassidy como mi tío Casimiro, que oficiarían de árbitros, se manifestaron capaces de medir con un golpe de vista si la pelota pasaba por adentro o por afuera del rectángulo.

El sorteo de las sedes y los partidos se hizo con el sistema de la paja más corta. La inauguración, en Barda del Medio, quedó para la Italia campeona y el aguerrido equipo de los guaraníes. Al otro lado del río, en Villa Centenario, jugaron alemanes, franceses y argentinos y sobre la ruta de tierra, cerca del prostíbulo, se enfrentaron españoles, ingleses y mapuches.

En todos los partidos hubo incidentes de arma blanca y las obras del dique tuvieron que suspenderse por los graves rebrotes de nacionalismo que provocaba el campeonato. En la inauguración Italia les ganó 4 a 1 a los guaraníes que no tenían otra bandera que la del Paraguay. En las otras canchas salieron vencedores los alemanes contra los franceses y los indios mapuches se llevaron por delante a los ingleses y a los almaceneros españoles por cinco o seis goles de diferencia.

Los dos primeros heridos fueron guaraníes que no acataron las decisiones de Cassidy. El referí tuvo que emprenderla a culatazos para hacer ejecutar un penal a favor de Italia. Al otro lado del río mi tío Casimiro tuvo que disparar contra un delantero mapuche que se guardó la pelota abajo de la camisa y empezó a correr como loco hacia el arco británico en el segundo partido de la serie. Los mapuches tuvieron dos o tres bajas pero ganaron la zona porque los británicos se empecinaron en un fair play digno de los terrenos de Cambridge.

La memoria escrita por mi tío flaquea y tal vez confunde aquellos acontecimientos olvidados. Cuenta que hubo tres finalistas: Alemania, Italia y los mapuches sin patria. La bandera del Tercer Reich flameó más alta que las otras durante todo el campeonato sobre las obras del dique pero por las noches alguien le disparaba salvas de escopeta. William Brett Cassidy permitió que los alemanes eliminaran a la Argentina gracias a la expulsión de sus dos mejores defensores. Es verdad que el arquero cordobés se defendía a piedrazos cuando los alemanes se acercaban al arco, pero ése era un recurso que usaban todos los defensores cuando estaban en peligro. Antes de cada partido los hinchas acumulaban pilas de cascotes detras de cada arco y al final de los enfrentamientos, una vez retirados los heridos, se juntaban también las piedras que quedaban dentro del terreno.

En la semifinal ocurrieron algunas anormalidades que Cassidy no pudo controlar. Los alemanes se presentaron con cascos para protegerse las cabezas y algunos llevaban alfileres casi invisibles para utilizar en los amontonamientos. Los italianos quemaron un emblema fascista y entonaron a Verdi pero entraron a la cancha escondiendo puñados de pimienta colorada para arrojar a los ojos de sus adversarios.

Cassidy quiso darle relieve al acontecimiento y sorteó los arcos con un dólar de oro, pero no bien la moneda cayó al suelo alguien se la robó y ahí se produjo el primer revuelo. El capitán alemán acusó de ladrón y de comunista a un cocinero italiano que por las noches leía a Lenin encerrado en una letrina del corralón. En aquel lugar nada estaba prohibido, pero los rusos eran mal vistos por casi todos y el cocinero fue expulsado de la cancha por rebelión y lecturas contagiosas. Antes de dar por iniciado el partido, Cassidy lanzó una arenga bastante dura sobre el peligro de mezclar el fútbol con la política y después se retiro a mirar el partido desde un montículo de arena, a un costado de la cancha.

Como no tenía silbato y las cosas se presentaban difíciles, él sólo bajaba de la colina revólver en mano para apartar a los jugadores que se trenzaban a golpes. Cassidy disparaba al aire y aunque algunos espectadores escondidos entre los matorrales le respondían con salvas de escopeta, el testimonio de mi tío asegura que afrontó las tres horas de juego con un coraje digno de la memoria de su padre.

Cassidy hizo durar el juego tanto tiempo porque los italianos resistían con bravura y mucho polvo de pimienta el ataque alemán y en los contragolpes el anarquista Mancini se escapaba como una anguila entre los defensores demasiado adelantados. Hubo momentos en que Italia, que jugaba con un hombre menos, estuvo arriba 2 a 1 y 3 a 2, pero a la caída del sol alguien le devolvió a Cassidy su dólar de oro en una tabaquera donde había por lo menos veinte monedas más. Entonces el hijo de Butch Cassidy decidió entrar al terreno y poner las cosas en orden.

En un corner, Mancini fue a buscar la pelota de cabeza pero un defensor alemán le pinchó el cuello con un alfiler y cuando el italiano fue a protestar, Cassidy le puso el revólver en la cabeza y lo expulsó sin más trámite. Luego, cuando descubrió que los italianos usaban pimienta colorada para alejar a los delanteros rivales, detuvo el juego y sancionó tres penales en favor de los alemanes. El capataz Casciolo, furioso por tanta parcialidad, se interpuso entre el arquero y el hombre que iba a tirar los penales pero Cassidy volvió a cargar el revólver y lo hirió en un pie. Un ingeniero prusiano bastante tímido, que había jugado todo el partido recitando el Eclesíastes, se puso los anteojos para ejecutar los penales (Cassidy había contado sólo nueve pasos de distancia) y anotó dos goles. Enseguida el hijo de Butch Cassidy dió por terminado el partido y así se le escapó a Italia la Copa que había ganado en 1934 y 1938.

Los alemanes se fueron a festejar al prostíbulo y ni siquiera imaginaron que los mapuches bajados de los Andes pudieran ganarles la final como ocurrió tres días más tarde, un domingo gris que la historia no recuerda. Ese día el teléfono empezó a funcionar y a las tres de la tarde Berlín respondió a la primera llamada desde la Patagonia. Toda la comarca fue a la cancha a ver el partido y el flamante teléfono negro traído por los alemanes. Un regimiento basado en la frontera con Chile envió su mejor tropa para tocar los himnos nacionales y custodiar el orden pero los mapuches no tenían país reconocido ni música escrita y ejecutaron una danza que invocaba el auxilio de sus dioses.

Mi tío, que ofició de juez de línea, anota en su memoria que a poco de comenzado el partido aparecieron bailando sobre las colinas unas mujeres de pecho desnudo y enseguida empezó a llover y a caer granizo. En medio de la tormenta y las piedras Cassidy pensó en suspender el partido, pero los alemanes ya habían anunciado la victoria por teléfono y se negaron a postergar el acontecimiento. Pronto la cancha se convirtió en un pantano y los jugadores se embarraron hasta hacerse irreconocibles. Después, sin que nadie se diera cuenta, los arcos desaparecieron y por más que se jugó sin parar hasta la hora de la cena ya no había donde convertir los goles. A medianoche, cuando la lluvia arreciaba, Cassidy detuvo el juego y conferenció con mi tío para aclarar la situación. Los alemanes dijeron haber visto unas mujeres que se llevaban los postes y de inmediato el árbitro otorgó seis penales de castigo contra los mapuches pero nadie encontró los arcos para poder tirarlos. Una partida del ejército salió a buscarlos, pero nunca más se supo de ella. El juego tuvo que seguir en plena oscuridad porque Berlín reclamaba el resultado, pero ya ni siquiera había pelota y al amanecer todos corrían detrás de una ilusión que picaba aquí o allá, según lo quisieran unos u otros.

A la salida del sol el teléfono sonó en medio del desierto y todo el mundo se detuvo a escuchar. El ingeniero jefe pidió a Cassidy que detuviera el juego por unos instantes pero fue inútil: los mapuches seguían corriendo, saltando y arrojándose al suelo como si todavía hubiera una pelota. Los alemanes, curiosos o inquietos pero seguramente agotados, fueron a descolgar el teléfono y escucharon la voz de su Fuhrer que iniciaba un discurso en alguna parte de la patria lejana. Nadie más se movió entonces y el susurro alborotado del teléfono corrió por todo el terreno en aquel primer Mundial de la era de las comunicaciones.

En ese momento de quietud uno de los arcos apareció de pronto en lo alto de una colina, a la vista de todos, y las mujeres reanudaron su danza sin música. Una de ellas, la más gorda y coloreada de fiesta, fue al encuentro de la pelota que caía de muy alto, de cualquier parte, y con una caricia de la cabeza la dejó dormida frente a los palos para que un bailarín descalzo que reía a carcajadas la empujara derecho al gol.
William Brett Cassidy anuló la jugada a balazos pero en su memoria alucinada mi tío dió el gol como válido. Lástima que olvidó anotar otros detalles y el nombre de aquel alegre goleador de los mapuches.

viernes, 19 de noviembre de 2010

Cambronne

Paseando por Nantes uno pude darse de bruces con la estatua de uno de sus hijos: el General Cambronne.

Cambronne, comandante de la Vieja Guardia en Waterloo, es famoso por atribuírsele una famosa frase que se dice que utilizó como respuesta a los adversarios que le ofrecieron la rendición para salvar la vida de lo que quedaba de la Guardia Imperial.

Hay que situarse en el contexto: después de una larga y sangrienta batalla entre ingleses y franceses, cuando parecía que la cosa iba a terminar en tablas, el ejército prusiano mandado por Blücher cayó sobre el flanco francés, produciendo la derrota total del ejército napoleónico. O de lo que quedaba de él, ya que los 120.000 hombres que Napoleón consiguió hacer entrar en campaña eran una sombra de lo que fue la Grande Armée, reducida a los restos
después de que los 23 años de guerras (contando las de Napoleón y las de la Revolución) dejarán a Francia exhausta.

La desbandada, después de la irrupción prusiana, fue total. Pero la Vieja Guardia se hizo fuerte y mantuvo el cuadro en medio de un paisaje desolado, casi lunar, y plagado de cadáveres amigos y enemigos. Apenas un batallón de derrotados supervivivientes frente a dos ejércitos victoriosos.

Victoriosos, pero temerosos. No era con un ataque a la bayoneta o con una carga de caballería con lo que ingleses y prusianos se disponían a aplastar el cuadro francés. La élite de veteranos de 20 años de guerras inspiraba aún mucho respeto, y en un cuerpo a cuerpo, se llevarían por delante a muchos de sus vencedores. Eran baterías de artillería las que se estaban aprestando para destruir con su fuego cruzado al "batallón sagrado" de forma tan radical como exenta de riesgo.

Fue entonces cuando el General Colville, comandante de la 4ª división inglesa (fresca, pues había permanecido en la reserva durante la batalla) pidió la rendición.

Y aquí la leyenda -propagada entre otros por Víctor Hugo- dice que Cambronne replicó con la célebre frase: "La garde meurt et ne se rend pas !" (¡La Guardia muere pero no se rinde!)

La situación de Cambronne y su batallón de granaderos me recuerda a la del Athletic. Al igual que el ejército francés, nuestro equipo es un resto de lo que fue. Glorioso y respetado, como los "grognards" de Napoleón, pero resto, al fin y al cabo.

Nosotros también luchamos, agotados, contra fuerzas superiores con pocas posibilidades de victoria: aunque Napoleón hubiera ganado en Waterloo, es improbable que hubiera podido frenar con los restos de un ejército diezmado por una batalla tan sangrienta la ofensiva de Schwarzenberg en el Rhin, con casi 300.000 rusos y austriacos bajo su mando.

Así nosotros, cuando nos aprestábamos a combatir al Madrid (Wellington), vemos como por el flanco aparece inopinadamente Undiano (Blücher) mientras sabemos que después nos espera el Barça en la Copa (Schwarzenberg)

Algunos, como Bienzobas y como yo mismo en la web amiga hace un par de semanas, hablamos de capitulación, de mandar a los juveniles y que les den.

¿Pero no estaremos equivocados? ¿No debemos hacer como Cambronne, fiel a la leyenda de su cuerpo aunque pensemos que sea suicidarse con las banderas al viento?

Veremos. Pero una cosa es cierta. La realidad de estas luchas tan desiguales suele estar lejos de la épica romántica con las que se glosa. Suele ser algo más prosáico, con más barro y sangre que vino y laurel. Al menos para los derrotados. El propio Cambronne, que aunque resultó herido sobrevivió a la batalla, siempre negó que él dijera esa frase tan bonita que aún figura en el pie de su estatua. Él aseguraba que era cierto que rechazó rendirse, pero que fue bastante más escueto, que él solo dijo "Merde!" (creo que no necesita traducción)

¿Diremos eso el sábado, amigos zurigorris?

lunes, 15 de noviembre de 2010

La clave está en "la diferencia".

Entendemos por “diferencia” ese conjunto de características por las que unas cosas se distinguen de las otras. Es muy manida la afirmación que dice que gracias a que existen “diferencias” esta vida no es tan terriblemente aburrida como parece…..lo que ha llevado a algunos a entonar el bizarro grito de….”!viva la diferencia!”….así, sin matices. Y mira que hay que matizar.

Admitamos, dado que es una realidad, que vivimos en un mundo basado en “la diferencia”. Hay tantas que hasta las diferencias son distintas. Diferencias de sexo, culturales, económicas, sociales….algunas agradables y perniciosas otras. Solucionables las menos e inevitables la mayoría.

No parece inteligente pelear contra las diferencias agradables. Dejaremos a un lado , también, aquellas que la mayoría puede considerar "inevitables". Centrémonos un momento en una diferencia perniciosa y que además debería resultar solucionable.

Hablamos de “la diferencia” de trato en la competición deportiva. Concretamente en las competiciones auspiciadas por la RFEF y la LFP.

En este entorno se sufren, de continuo, “diferencias” que resultan hirientes, que hacen daño o que cansan al aficionado según sea éste más o menos emotivo. Creo que a eso se refería, el Sábado, García Macua en su intervención respecto a los criterios arbitrales y que le ha valido ser tildado de “necio”, “inoportuno” y “caradura” en algunos medios. No eran tanto quejas, entiendo yo, respecto a errores arbitrales en el partido recién terminado (que no fueron muchos) como al molestísimo, cansino, aburrido, agobiante, asqueante, e injusto por su “diferencia”, “descriterio” arbitral. "Descriterio" que llevamos sufriendo ya demasiado tiempo.

Porque es posible, aunque discutible, que alguien pueda opinar que Koi mereció su primera tarjeta por entrar al balón , aunque llegara antes que el contrario, dejando un poquito la planta……..pero la cuestión es…..¿en el Nou Camp Puyol recibiría tarjeta por una entrada así?....¿en el Bernabéu se le mostraría amarilla a Marcelo por lo mismo?.....y seguramente puede valorarse que Koi fue acreedor a tarjeta por sujetar al delantero rival en ese minuto 44 de la primera parte…..pero , de nuevo, asalta la maligna “diferencia”…..¿estando en el Nou Camp con una tarjeta amarilla recibiría Piqué la segunda por una jugada similar?...¿se expulsaría a Sergio Ramos por doble amarilla en el Bernabéu de la misma manera?.....

Y es muy seguro que Castillo mereció la roja directa por la falta cometida en la segunda parte que dejaba al Athletic con 9 jugadores….pero ay!....la temible….la perniciosa “diferencia” ataca de nuevo……¿si está el Barca en el Nou Camp, ganando 1-0, con un jugador menos, y Alves comete una falta igual….sería roja o sería amarilla según el criterio arbitral del momento?...¿se convertiría, a criterio del árbitro, la magna ocasión de gol, en jugada fuera del área con un balón no del todo controlado?....¿se dejaría al Madrid con 9 jugadores y 25 minutos por delante en situación parecida?........

No voy a discutir que la falta de Vargas a Javi Martinez sea merecedora de una simple tarjeta amarilla o requiera una roja…..….la amarilla puede bastar…..pero…¿qué sucedería si en el Bernabéu Amorebieta hace esa misma entrada a Cristiano Ronaldo? ¿Cómo se sancionaría a Gurpe si comete la misma acción en el Nou Camp sobre Iniesta?...¿qué se hubiera leído y oído en cualquiera de esos dos casos? …¿acaso aquello de que “está bien expulsado porque hay que proteger a los buenos jugadores”?....

¿Cómo hubiera Inda empapelado la portada de Marca o qué no hubieran escrito los catalanes del MD si cualquiera de sus equipos hubiera sufrido el arbitraje que sufrió el Athletic en Sevilla, con aquellos dos penaties?....¿qué clase de presión asfixiante no hubiera recibido el estamento arbitral en cualquiera de esos dos casos?......el eterno retorno a “la diferencia”….

Este humilde aficionado tiene su respuesta para todas esas preguntas. Y no cree equivocarse. Y está ya harto, cansado. Porque, curiosamente, en la sociedad civil , desde hace años ya, se trabaja en las “discriminaciones positivas”, tratando de ayudar a colectivos menos favorecidos a igualarse en sus posibilidades con los que están en mejor posición. Pero curiosamente en lo que respecta a la competición futbolística sucede al contrario. Todo lo que se hace tiende a agrandar la diferencia. Se permite un combate de boxeo entre un púgil de 120 kilos contra uno de 60 kilos y además al peso pesado se le deja dar cabezazos y golpear por debajo del cinto mientras que al peso mosca se le mira con lupa cada una de sus acciones. Y al peso pesado, tras ganar el combate por K.O, los Inda-corifeos del lugar le levantan los brazos al cielo, con orgullo, como quien ha conseguido un épico triunfo. Francamente vomitivo.

Diferencias. Enormes, en el reparto de los ingresos por televisión. Siderales, en la aplicación de los criterios arbitrales. Demasiadas diferencias. Diferencias que causan el hastío, el cansancio del aficionado medio que en Bilbao, Sevilla, Valencia, Zaragoza, Gijón, Villareal……empieza a pensar que una competición sin Madrid ni Barca, ni sus fuerzas mediáticas, sería más justa, más equilibrada y, en el fondo, más interesante. Vamos, sin tantas diferencias.

martes, 26 de octubre de 2010

El Athletic y los arbitrajes: ¿Un nuevo talante?

Hoy tenía pensado hacerme eco de la información que se dió durante la pasada Asamblea acerca de San Mamés Barria.

Y de hecho voy a hacerlo.

Pero lo dejaré para mañana. La actualidad marca la agenda y creo que hoy toca comentar el aparante cambio de actitud de la JD acerca del candente tema arbitral.

Sobre este asunto de qué se debe hacer cuando los árbitros se ensañan con uno, hay dos teorías:

1) La de "el que no llora no mama"
2) La de que un club señor no se mete en estas cosas.

Mi opinión, que es la tradicional en el Athletic, es que la postura que vale como principio general es la "2".

Sin embargo, para mí no se trata de un principio absoluto, sino que admite excepciones en función de las circunstancias.

A este respecto, conviene recordar que las circunstancias actuales, que incluyen esa extraña teroría según la cual el colectivo arbitral está gobernado por el llamado "Villarato", y que ese régimen sirve a oscuros intereses que incluyen el flagelo del Real Madrid (alucinante que diga eso uno de los equipos más beneficiados por los árbitros en la historia del universo mundo) y la ayuda al Athletic, ex-equipo del tal Villar que da nombre al sistema.



En ese contexto, creo que hace tiempo que el Athletic debería, sin caer en exabruptos tipo Gil y Gil, haber dicho algo hace tiempo. Sobre todo cuando durante los dos llamados años teníamos que tragarnos la infamia de que "al Athletic Villar y los árbitros no le van a dejar bajar" mientras que lejos de ser favorecidos, el maltrato era más que evidente.

Esta directiva no estaba entonces, pero está ahora y a raiz del calimitoso arbitraje de Sevilla ha levantado la voz por medio del celebre dúo Delgado-Palomar.

Primero ha sido Juanma Delgado el que ha dicho en la web del club que: durante esta temporada se ha visto que es muy fácil dejarnos con diez, sufrir arbitrajes que poco a poco van condicionando el juego, goles legales anulados etc...

Posteriormente, el vicepresidente Fermín Palomar ha hecho declaraciones parecidas a algunos medios locales.

¿Estamos ante un viraje en la postura tradicional del Athletic? ¿Llega en el momento adecuado o lo hace a destiempo? ¿Se han elegido los canales y portavoces adecuados? ¿Será para bien?

miércoles, 29 de septiembre de 2010

Hermanos zurigorris....oremos por nuestra salvación!

Tras leer sus declaraciones ex-cátedra...."La tarjeta es roja.... y ya está" solo queda encomendarnos a sus santos propósitos y buscar en él, Santo Iniesta de Fuentealbilla y la Perpetua Manipulación Arbitral, nuestra salvación....por eso rezad conmigo....

Padre Iniesta que estás en los cielos....santificado sea tu tobillo.....
Venga a nosotros el tiki-taka de tu Reino....
Hágase tu santa voluntad...tanto en San Mamés como en el Nou Camp....

Danos hoy , sin oposición, el repasito futbolistico de cada día....
Y perdonanos nuestras faltas asi como nuestros robos de balón
No nos dejes caer en la tentación del patadón
y líbranos del agresivo central ...

Iniesta del recorte y centrocampista de la esperanza....ora pro nobis!

Iniesta de los silencios y de la beatífica sonrisa....ora pro nobis!

Iniesta de la piscina y la aparatosa caida....ora pro nobis!

Iniesta del pasecito y el aplauso mundialista...ora pro nobis!

Iniesta del pisotón oculto y el agarrón disimulado....ora pro nobis!

Santo Iniesta de Fuentealbilla y la Perpetua Manipulación Arbitral.....ora pro nobis!

Enséñanos Santo Iniesta, Señor del Mundial, a parar un balon.....muestranos, tú que todo lo sabes, el camino del gol......dirígenos Buen Maestro al Paraíso del Verdadero Fútbol...y no no condenes al Fútbol Físico eterno.....AMEN.

lunes, 27 de septiembre de 2010

Prohibido soñar




Estoy harto. No tengo mucho más que decir, y menos aún después de leer a Euup y Peibolin en la entrada anterior.

Y que no me hablen de lo "descerebrado" que es Amorebieta. Hoy no toca. No es esa la cuestión, y somos únicos para tirar piedras sobre nuestro tejado.

Mientras Mourinho se queja de que el Levante "trabó" el partido. Y eso le parece mal, claro.

Las dos cosas están relacionadas: están "los buenos" y estamos todos los demás. Todo lo que sea intentar ganarles tratando de jugar unas armas que no sean las que a ellos les convienen está proscrito. Y los medios son cómplices necesarios y entusiastas.

sábado, 19 de junio de 2010

La importancia de llamarse Undiano

Suele decirse que cuando el diablo se aburre mata moscas con el rabo. Algo así está sucediendo a este corresponsal con los pobres espectáculos que está presenciando en la Copa del Mundo de Sudáfrica. Según reseñan los cronistas ayer hubo un buen partido, el que enfrentó a los Estados Unidos y Eslovenia, pero no es la característica principal de este campeonato: futbol anodino, lento, pastoso, carente de mordiente… siendo el resultado final el más atroz de los aburrimientos.

Afortunadamente, este juego dispone de mecanismos correctores para que la fiesta no decaiga. Y no hablamos de uno, sino de tres. A veces, se suma un cuarto al sarao, incluso este año, en un gesto nunca suficientemente agradecido, la UEFA nos regaló dos más. Si Ud, amable lector (o lectora), ha llegado hasta aquí, sabrá que me estoy refiriendo a esa figura mitológica, mitad deportista, mitad showman, llamada árbitro.

Abrió ayer la jornada uno de los más reputados, sobre todo por estos lares, navarro y, a su vez, azote de navarros (especialmente aquellos que visten de rojo y blanco): Undiano Mallenco. No fue una casualidad que Undiano se erigiera en el protagonista del Alemania – Serbia y que pusiera patas arriba a una de las favoritas del campeonato, no. El arbitraje de ayer se madura poco a poco, como los buenos caldos en barricas de roble, asentándose en una de las mejores tradiciones de la historia del futbol internacional. Seguramente Undiano, cuando expulsó a Klose, tenía en su mente dedicar esa tarjeta roja a aquellos pioneros, sin cuya decisiva trayectoria él nunca hubiera llegado a arruinarle el Mundial a ninguna selección. Sirvan estas líneas como entrañable homenaje a aquella casta indomable de árbitros que tan gloriosamente hicieron salir por la puerta de atrás a selecciones que sólo se caracterizaban por jugar bien.

Sería imperdonable no acordarnos de Augusto Lamo Castillo. Haciendo honor a su nombre, uno se emociona al recordar la forma en que se llevó por delante a la URSS en el Mundial de 1982. Una calurosa tarde en la que se midieron en el Sánchez Pizjuán sevillano la maquinaria soviética de los Blokhin y Dassaiev y la canarinha de los Falcao, Zico, Socrates, un árbitro, Lamo Castillo, fue el gran protagonista. Los brasileiros se impusieron por 2-1, con dos penalties escamoteados y un gol anulado a los soviéticos, que habían merecido ganar. No sería justo dejar de recordar a esas figuras poco reconocidas pero sin las cuales el árbitro no sería capaz de administrar tanta injusticia: los linieres. Acompañaron aquel día a nuestro heroe dos perlas, una con una trayectoria también muy brillante, García Carrión, y otra cuyos mejores momentos estaban por llegar aún: Sánchez Arminio.

Cuatro años después, en México, volvió a brillar un trencilla español, con igual sujeto pasivo: la URSS. Repitió Victoriano Sánchez Arminio como juez de linea, esta vez a las órdenes de un colegiado sueco, Frediksson. A falta de un suspiro para finalizar el encuentro, Ceulemans recibe el balón en posición adelantada. Sánchez Arminio levanta la bandera para señalar el fuera de juego, pero la jugada sigue porque el árbitro no se ha percatado y acaba en gol del jugador belga. Los soviéticos ven, atónitos, cómo el juez de linea ha bajado la bandera y da por bueno el tanto de sus rivales. Por segundo campeonato consecutivo una decisión arbitral dejaba fuera a la URSS, una de las grandes favoritas para el triunfo final.

El predecesor más cercano de Undiano tuvo su momento de gloria en Alemania hace cuatro años. Luis Medina Cantalejo puede considerarse como uno de los más activos partícipes del triunfo final de Italia. Discurrían los octavos de final de muy mala manera para los transalpinos ante una sorprendente Australia cuando, en el minuto 93, Medina señaló un sorprendente penalty por un derribo a Grosso en el area aussie que sólo él vió. Hidink, entrenador por aquel entonces del combinado australiano, seguramente le tiene presente en sus oraciones cada vez que se va a la cama.

Pero Undiano, destacado y precoz aprendiz de pitero, no sólo ha tenido maestros de la casa en los que fijarse. Apenas era un jovencito en 2002 cuando, al poner la televisión, la radio o al leer el Marca, tuvo la ocasión de ver, escuchar o leer las grandes hazañas de Al Ghandour haciendole la puñeta a la que con el tiempo sería conocida como La Roja (por entonces, con Camacho al mando, aún era La Furia). Los adjetivos calificativos y descalificativos, más de estos que de los otros, del que el trencilla egipcio fue objeto por la prensa española hizo reavivarse la llama que Undiano llevaba dentro. Sus más allegados pueden atestiguar aquel momento en que el joven colegiado vió la luz: “Algún día yo también anularé un gol en un mundial, expulsaré a un delantero alemán o pitaré un penalty inexistente a favor de una de las favoritas…¡sé que lo conseguiré!”.

Y como no hay peor cosa que decirle a un navarro que no es capaz de hacer determinada cosa, alguien, imprudentemente, debió decir: “Pero Alberto, hombre, no será mejor que estudies para ingeniero y te dejes de problemas, porque igual para esto no vales…”

miércoles, 17 de febrero de 2010

The Guns of Brixton (by Kroma)

El camarada Kroma ha escrito esta entrada:

Febrero de 1979. Paul Simonon se despierta sobresaltado en su apartamento de Brixton. El amargo sabor del Speed de la noche anterior todavía se desliza por su garganta. Solo son las 12.30 y ya hay un tremendo jaleo en la calle. Se medio incorpora en la cama. El horrible frío, unido al speetazo no ayuda demasiado a levantarse, así que se coloca la almohada encima de la cabeza a la espera de que cesen los gritos en la calle. Maldita sea! Qué ganas tiene de volver a salir de gira, para escapar así, de ese maldito agujero en el que lleva viviendo 21 años.

Los gritos se hacen insoportables y decide levantarse. Se asoma por la ventana y ve lo de siempre. Policías con porras, niños y adolescentes negros corriendo y lanzando piedras. Golpes en las puertas. Y esas extrañas furgonetas de la policía que parecen enormes cajas de cerillas blindadas.

Ya está otra vez desvelado. Entre el speed y el maldito suburbio van a acabar con él. Lanza una mirada a la habitación y descubre lo único que puede hacer que se relaje y dormir. Ese viejo bajo Fender que compró de quinta mano a un prestamista en el Soho y con el que a pesar de las protestas del resto del grupo ha grabado los dos discos que hasta ahora han sacado los Clash. Se sienta en la cama, y entre los ruidos de sirenas y botellas rotas marca una línea de bajo que hasta el momento sus dedos y su mente nunca habían consensuado. Inmediatamente y casi sin querer, de las entrañas de su ser va tomando forma una letra que posteriormente es trasladada a un papel. En solo una hora la canción está acabada……ya puede dormir tranquilo

Suena el despertador. Las 18.30!! El ensayo!! Joe como siempre tan puntual volverá a soltarle el discurso típico de “The Clash es algo más que un grupo”, que “hay que tomarse las cosas con seriedad”, que “por favor cambie de bajo de una vez”….pero esta vez es diferente, esta vez él, Paul Simonon, se presenta con una linea de bajo y una letra.

Llega al local, y ahí están como siempre Joe y Mike discutiendo de sus cosas y de sus composiciones. Que si “esta letra es demasiado política”, que si “en cambio tu letra es una mierda que no dice nada” y apenas reparan en que ha llegado el bajista. Topper sí. Topper le saluda con un guiño detrás de su enorme bateria. Eso, o es que el bueno de Topper con su apenas metro sesenta de estatura casi no llega al bombo. Eso sí, una vez las baquetas en la mano no hay quien pare a esa furia.

Se acerca a Mike y a Joe y les dice, “he escrito una canción”. Los otros se miran asombrados y Mike le reta burlonamente, “vale, pero la cantas tú que nosotros estamos roncos”. Haciendo oídos sordos Paul comienza su línea de bajo y entona “The guns of Brixton”, la que según la revista Mojo es la perfección hecha canción en la fusión del punk-rock y el reggae. Está considerada como una canción que anunciaba los graves disturbios callejeros que se produjeron en Brixton a principios de los 80, fruto del asqueo de la población del suburbio londinense, harta de tanto paro, de los ataques fascistas y racistas del National Front ante la pasividad de la autoridad y de la brutal represión al movimiento obrero por parte del incipiente gobierno de la Dama de Hierro. Está canción está incluida en el London Calling, según la revista Rolling Stones “uno de los mejores 10 discos de rock de la historia.”

Pensaba en esta canción de la que se cumplen 31 años, mientras ayer leía en los periódicos digitales, que el Athletic perdió la cabeza, el Villareal le llevo a su terreno, Javi Martinez y Orbaiz no fueron profesionales, etc. Yo, parece evidente que no podría nunca haber sido futbolista profesional porque como muy bien dice la canción si la ley (el árbitro) te está puteando constantemente, con decisiones que te van minando desde el minuto uno, si el contrario se ríe de ti, si tienes a un volatinero que no es la primera vez que te la lía y que en 10 minutos que lleva en el terreno de juego ya ha estado 5 en el suelo……pues yo no soy capaz de salir con las manos en alto.

Como sabeis que me gusta poner versiones curiosas de las canciones, no os voy a enlazar con la magistral de los propios Clash, sino con una de un colectivo musical francés que se llaman Nouvelle Vague y que hacen una versión muy curiosa y a mi modo de ver preciosa. Por supuesto os recomiendo la original, casi tan encarecidamente como os recomiendo ver a las dos chavalas que cantan en ese grupo, aunque en este enlace no aparezcan.






PD. En Marzo de 1979 Paul Simonon en pleno ataque de ira en un concierto, destrozó su bajo Fender contra el suelo. El momento fue inmortalizado en una fotografía que pasó a ser la portada del London Calling y que según varias revistas de todo el mundo es “la mejor portada de un disco de rock de toda la historia.”



The Guns of Brixton

Cuando
Su juego se llama supervivencia
Cuando aporreen la puerta de tu casa
¿Cómo vas a salir?
¿Con las manos detrás de la cabeza
O en el gatillo de tu pistola?

Cuando la ley irrumpa en tu casa
¿Cómo te vas a ir?
¿Abatido a tiros sobre la acera
O esperando en el corredor de la muerte?

Podéis aplastarnos
Podéis magullarnos
Pero tendréis que responder
A las pistolas de Brixton

El dinero va de perlas
Y tu cómoda vida, la aprecias mucho
Pero seguramente llegará tu hora
Tanto en el cielo como en el infierno

Ya le ves, con su casco y su porra se siente como Ivan
Nacido bajo el sol de Brixton
Su juego se llama supervivencia
Al final de "Balada Sangrienta"

Ahora ya sabes qué significa sin piedad
Le dispararon con una pistola
Ya no hace falta el furgón policial
Adiós al sol de Brixton

Podéis aplastarnos
Podéis magullarnos
Sí, hasta dispararnos
Pero oh, las pistolas de Brixton

Abatido a tiros sobre la acera
Esperando en el corredor de la muerte
Su juego se llama supervivencia
Tanto en el cielo como en el infierno
Podéis aplastarnos
Podéis magullarnos
Pero tendréis que responder

jueves, 7 de mayo de 2009

Anoche en Swindle Bridge

(Swindle: Timo, estafa)

Anoche me organizé para ver el Chelsea-Barça. Además de la promesa de ver un buen espectáculo futbolístico, me animaban la curiosidad por ver en qué quedaba la supuesta superioridad blaugrana ante un equipo de fútbol de verdad (el Madrid actual es una casa de putas; lo siento Piston) y sobre todo la posibilidad de sacar conclusiones de cara a la final de Valencia.

La verdad es que lo que ví y sentí da para una entrada.

De la neutralidad al forofismo azul

En los días anteriores había escuchado toda clase de teorías sobre qué resultado nos convenía más. La mayoría opinaban que es bueno que el Barça empiece a pensar ya en el ManU y en la final de Roma, que eso les distraería de nuestra final.

Pero un sector minoritario opinaba lo contrario: que una derrota quebraría la dinámica ganadora del Barça, dañaría su moral, y les haría jugar lo que queda de temporada más que con tensión, con una ansiedad que suele ser mala consejera.

Yo no lo tenía claro. Pero a medida de que avanzaba el partido me fuí indignando y terminé animando al Chelsea desde mi butaca, más allá de ningún cálculo sobre nuestra hipotética conveniencia.

Y es que lo que ví me pareció una estafa, un timo, un atraco, un engaño.

¿Por qué?

Por dos razones: el arbitraje y la propaganda Goebbelsiana que rodea al Barça. Y ojito: que ambas cosas se pueden repetir en nuestra final. Por supuesto, perjudicándonos.

El árbitro valiente.

En el descuento, los locutores calificaron al trencilla de "valiente" Pues a mí el calvo que arbitró me pareció un sinvergüenza, con todas las letras. Salió al campo con una decisión tomada de antemano: no pitar penalties. Solo así se explica la serie de faltas máximas que escamoteó al Chelsea. La única falta que vió en el área la sacó fuera sin pestañear. Y todavía dicen que era valiente. Lo que era es un jeta. Impidió varias veces que el Chelsea marcara el 2-0 que hubiera sentenciado la eliminatoria e incluso en el descuento se comió un despeje con el brazo en el área del Barcelona. Indignante.

Todo ello jaleado por una retransmisión bochornosa.

No fue solo que los brazos de los blaugranas se convertían en pechos cuando los centros o remates ingleses impactaban en ellos, no fue solo que invocaran la "justicia" para que el Barça empatara cuando acaban de reconocer que no tiraron un balón entre los tres palos en todo el partido.

Es que todos los comentarios, desde el principio hasta el final, fueron un nauseabundo acto de propaganda ad maior Barça gloria, atropellando la razón, la justicia y cualquier vestigio de objetividad. Aquello no era Canal Plus, era Barça TV.

Y todo ello salpicado de una concepción del fútbol estrecha y falsa, según la cual el Chelsea es un "equipo vulgar" con una propuesta futbolística "cicatera" en contraste con el magnífico fútbol de un Barça que, a diferencia del Chelsea, no conseguía acercarse con peligro al área de Czech.

He escuchado en el mundo del Toro que el mejor aficionado es aquel al que más toreros le caben en la cabeza. La frase, tal y como me la han explicado, quiere decir que un buen aficionado debe apreciar más de un estilo de torear.

Aplicando esa visión a lo que nos ocupa, no habría estilos buenos y malos de jugar al fútbol, sino formas buenas y malas de interpretar estilos igualemente válidos.

Como nos afecta esto (I): los medios

Esto que puede parecer una disquisición teórica, tiene muchas consecuencias prácticas para nosotros.

Esta visión tan estrecha de lo que es fútbol nos excluye. Nos convierte en apestados. Nos demoniza.

No estoy hablando de la forma mala de hacer nuestro juego, esa que lamentablemente hemos presenciado tantas veces en los últimos años. No. Estoy hablando incluso de la forma buena de jugar nuestro fútbol: la que hemos visto ante Valencia, At. Madrid, Sevilla ...

Esa forma de jugar, que tiene como modelo más a lo que ha hecho el Chelsea en esta eliminatoria que a lo que hace el Barça, es el mal, y el Barcelona el bien.

Un equipo como el nuestro que trate de ganar un partido, no digamos ya una final, se convierte en la encarnación del mal futbolístico, que trata de estropear el espectáculo que los buenos de la película tratan de dar. Para evitar que se salgan con la suya, los comentaristas no vacilan en invocar, como anoche, a un supuesto dios futbolístico que ponga las cosas en su sitio y evite que los del "anti-fútbol" hagan otra cosa que el pasillo a los héroes inmortales del equipo del "fútbol-espectáculo"

Y si ese dios futbolístico no aparece, al menos se ha creado el caldo de cultivo necesario para que otro personaje haga su trabajo: el árbitro.

Como nos afecta esto (II): El arbitraje

No hace falta pediros un ejercicio de imaginación. La actuación estelar de Muñiz en San Mamés está demasiado reciente. Ese es el tipo de arbitraje modelo que exije esta visión maniquea de "equipo rico y bueno contra equipo pobre y malo"

La conversión del fútbol técnico en el único fútbol y el fútbol físico en anti-fútbol (soy consciente de que estoy simplificando, pero si me pongo a matizar esta entrada no terminaría nunca) hace que el árbitro ideal no sea el que imparte justicia, sino el se convierte en un Robin Hood a la inversa, que roba a los pobres para dar a los ricos. Se trata de garantizar que la estrella dé espectáculo y que el jugador más humilde no pueda emplear sus toscas armas para tratar de evitarlo. Al pobre se le pide que dé el partido por perdido, que no fastidie la fiesta del fútbol; y a cambio cuando metamos el cuarto o el quinto ya levantaremos el pie para no humillaros demasiado. O no; ya veremos.

Ese es mi miedo principal para la final: que ni siquiera nos den la opotunidad de plantar cara, que nos dejen claro desde el principio que no se nos va a permitir ser otra cosa que un sparring para una demostración de fútbol espectáculo.

A mí me gustaría, en cambio, un arbitraje justo. ¿Pido demasiado?

Uno que no permita los piscinazos de las figuras. Uno que si el Barça sufre a balón parado, no deje de pitar penalty si se produce un agarrón descarado o varios reiterativos aunque no sean tan descarados. Uno que si no nos deja emplear los codos, tampoco se los deje emplear a ellos. Uno que no juzque que el que Henry le dé un codazo a Javi Martínez no es ni falta pero que si es al revés es tarjeta amarilla. Uno que no piense que una estrella puede entrarle duro a un tal Toquero y que no pasa nada pero que si le entras a Messi hay que cortarlo de raiz. Uno que no intimide con tarjetas amarillas prematuras a los defensores de los megacracks. Uno que no crea que el jugador bueno, además de su superioridad técnica, tiene derecho a que le dejen dar sin recibir.

En suma: uno que no distinga colores, caras, famas, ni categorías. Que no nos regale nada, pero que tampoco nos lo quite. Repito ¿Es mucho pedir?

Me temo que sí.

lunes, 27 de abril de 2009

Record en San Mamés


Ayer llegué a casa contento. No solo por los tres puntos que nos ponen a las puertas de la tranquilidad, sino porque conseguí sali de San Mamés sin que me sacaran ninguna tarjeta, que no es poco.

Y es que el colegiado, Bernardino González Vázquez, batió el record de la liga de este año, sacando 16 trajetas amarillas y expulsando a cinco jugadores y al preparador físico del Racing. Un festival.

Del partido poco voy a decir. Que el Athletic me gustó en la primera parte en la que pudimos marcar más goles.

Que el penalty y la expulsión de Yeste, y la orgía tarajetera que se intensificó aún más a partir de entonces, convirtieron la segunda parte en un desquiciamiento total en el que pudo pasar de todo.

Que tengo mis dudas sobre esa primera expulsión, ya que si bien cabrea un poco que sean casi siempre los mismos los que nos dejan con diez hombres, lo cierto es que el de Basauri fue víctima de una situación tácticamente curiosa: la de un equipo que ganando 2-0 sube a rematar un corner con todo, dejando la defensa en pelotas como si fuéramos 1-1 en el minuto 88, perdiendo el balón y propiciando un contrataque en el que Yeste hizo las veces de último defensor.

Que Toquero estuvo fundido casi toda la segunda parte y que para mí fue incomprensible que no le cambiaran. Aunque el pundonor de este tío, que fue capaz de correr hasta el final, es de nota.

Y finalmente, que el tandem Iraola-Susaeta nos hizo gozar a ratos. Al menos a mí.

lunes, 16 de marzo de 2009

Nihil novum sub sole

En la entrada "merengues" ya se han explayado sobre el arbitraje y el partido del otro día algunos ilustres de este blog. Yo comentaré aquí algunos aspectos parciales de lo vivido en San Mamés el sábado.

Ladran, luego cabalgamos.

El ver el partido rodeado de gente que por edad bien podrían ser mis hijos me colocó subitamente, como si me hubiera metido en un tunel del tiempo, en aquellos partidos de mi preadolescencia en los que mi veterano aita replicaba con una amarga sonrisa -fruto de una larga y frustrante experiencia- a mi indignación ante algún arbitraje ante los merengues: "No sé de qué te asombras, chaval: toda la vida ha sido así ¡Una vergüenza!"

Lo que no sospechaba el ilustre zurigorri que me trajo al mundo y a San Mamés es que íbamos a entrar en una larga noche oscura en la que seríamos tan inofensivos que pasaríamos más de 20 años sin vivir un arbitraje calamitoso de los de categoria extra especial king size.

Garcia de Loza, en sus mejores tiempos, hubiera podido firmar el arbitraje del sábado.

El que hayamos vuelto a vivir una jornada así, demuestra que volvemos a dar miedo. Estamos de nuevo en el buen camino. Ese camino en el que la fecha de la visita a Bilbao estaba marcada en los calendarios de nuestros rivales con el rojo del fuego y no con el verde de la esperanza.

El bobo, el feo y el malo.

Cuando parecía que Yeste iba a completar un partidazo, pica como un pardillo en una provocación del San Iker (no debió pensar que era una provocación viniendo de un santo) Un bobo.

El santo de altar se nos cae, no solo al cesped de San Mamés, sino también de la peana en la que le tenían algunos, y demuestra que más que santo es un ángel caído: se lleva las manos a una cara que nadie habia tocado para forzar la tarjeta del bobo. Un gesto muy feo.

Y por si fuera poco va el malo y en vez de resolver la cosa con dos amarillas (al feo provocador y al bobo provocado) acumula el castigo en una sola tarjeta doble: roja directa al bobo. Más que malo, perverso estuvo Muñiz. En esta jugada y durante todo el partido, desde el pitido inicial hasta el final.

El personaje se come al autor

A veces el personaje adquiere vida propia y se escapa del control del autor que le dió vida.

Algo así le pasa a Piston/Pako con ese papel de acuanimidad que se esfuerza en jugar, tal vez temeroso de dejarse llevar en demasía por su pasión zurigorri.

Ya lo comprobamos con lo de el Betis el año pasado, y lo volví a comprobar ahora.

Le llamé a Pako al salir de San Mamés para comentar con él la bajada a los infiernos del teatral Casillas, y me encuentro con que nuestro amigo se niega a hablar de Casillas y solo me habla de Yeste. "Tú no has visto la televisión".

Como efectivamente no he visto la televisión, evito la discusión y aplazo el tema hasta poder verla.

Bien Pako, ya la he visto. No solo yo: también los madrididistas locutores de Tele5, Antena3, y TVE. Todos sin excepción comentan la antideportividad de Casillas. ¿Qué viste tú en la TV, Pako? Ese "Piston el ecuánime" es como un árbitro malo, que para demostrar que no se deja influir por el público se vuelve anticasero. Eso no es ser buen árbitro, es ser parcial a la contra.

Si quieres hablamos de lo bobo que es Yeste, aunque ahí poco vamos a discutir ya que estoy de acuerdo, pero eso no quita que la "actuación" de Casillas, aunque desgraciadamente normal en el mundo del fútbol, acabe de una vez por todas con esa aureola de santidad que se le ha querido poner de forma algo artificial.

Igual este chico fue deportivo alguna vez, pero no se le pueden pedir peras al olmo. Y de igual forma que el anillo convirtió al hobbit Smeagol en Gollum, no se puede llevar la camiseta del Madrid tantos años sin convertirse en un cerdo.

Lo mejor: el público.

Aunque algunas reacciones del público me parecieron extrañas, fruto del desquiciamiento al que nos sometió el tal Muñiz, salí muy orgulloso de San Mamés. No creo que haya muchos campos en todo el mundo capaces de animar tanto a su equipo perdiendo en casa 2-5, ni de un público que no monte un altercado de orden público ante semejante sucesión de provocaciones, ni siquiera un grupo radical (HNT) que no obligue a parar el juego ni una sola vez en toda una segunda parte en la que el autor de la fechoría estuvo en la portería de su fondo. Lo dicho: salí orgulloso de San Mamés.

Mantengamos la calma.

El descenso se acerca, poco a poco, cada vez más. Ahora está a cinco puntos.
Pero mantengamos la calma.

Si no fuera porque la memoria reciente nos produce vértigo no ya al borde del abismo, sino incluso a varios pasos de él, no estaríamos preocupados.

En la primera vuelta salimos de los llamados pirineos en descenso y con muchas dudas sobre nuestro juego.

Pase lo que pase en Villareal, vamos a salir ahora con ventaja sobre el descenso, con un equipo mucho más cuajado, y una afición mucho más unida.

Así que no nos pongamos nerviosos. Esta temporada no la vamos a recordar ni por los apuros calsificatorios ni por el partido de ayer. La vamos a recordar porque jugamos una final.

Y es que, a pesar de nuestra criticada filosofía y de que no nos ayudan los árbitros como a otros, nosotros sí tenemos opciones de ganar un título este año. Más que otros que se supone que son "superiores", amigo Juande.

martes, 4 de noviembre de 2008

Una de árbitros

Amigos zurigorris: como veo los ánimos preocupados e incluso algo crispados (ví el comienzo de TeleBoina anoche: ¡Qué excitado estaba Velasco!) me permito abrir una entrada sobre un tema que nos aleje un poco de nustras inquietudes clasificatorias.

Y lo hago refiriéndome a un tema relajante y pacífico, que suele sacar lo mejor de todo aficionado al fútbol que se precie: los árbitros.

El otro día en Bilbovisión ví a Losantos Omar (no: no es que el talibancito de la Cope haya abrazado el Islam y se haya añadido ese nombre; es que hay un ex-árbitro vizcaíno que se llama así)

No escuché toda su intervención, pero la parte a la que sí asistí me dejó un par de materias para la reflexión.

Parecía que el trencilla estaba defendiendo al gremio arbitral nacional de las acusaciones del resto de contertulios.

Y para hacerlo se centró en ese tópico tan extendido de que los árbitros ingleses le dan mil vueltas a los españoles.

Para rebatirlo, dió dos curiosos argumentos:

El primero fue que en cierta ocasión, en un partido europeo, un árbitro inglés pitó un partido entre dos equipos españoles. Al parecer el partido se saldó con un montón de tarjetas amarillas y algunas rojas; y con el árbitro declarando a su vuelta a las islas que "los jugadores españoles son imbéciles". Para Losantos Omar, eso demuestra que los árbitros ingleses están acostumbrados a la vida muelle de los partidos de la Premier (que los podría arbitrar una monja, como dijo en cierta ocasión el árbitro que suele salir en las tertulias de Iragorri) y no tienen recursos para arbitrar un partido de verdad entre maleados jugadores de la LFP.

El segund0 fue un dato apabullante: en los últimos años ningún árbitro inglés ha pitado semifinales de la champions y sí lo han hecho varias veces colegiados españoles. Algo querrá decir eso, ¿no? se preguntaba el simpático trencilla.

Como diría Groucho, contesto primero a la segunda pregunta: hombre, Losantos Omar, si miramos cuantas semifinales de la champions se han jugado en los últimos años sin equipos ingleses de por medio, y cuantas sin equipos españoles, igual encuentras una explicación que no tiene mucho que ver con la calidad de los respectivos árbitros. Lo digo por comentar ...

En cuanto al primer argumento, ¿qué quieres que te diga? Toda la retórica sobre el Fair-Paly británico se cae por su base desde el momento en que hay partidos de la Premier en los que el único inglés es un masajista. La verdad es que la mayoría de los jugadores que juegan en Inglaterra o han jugado o van a jugar en el fútbol italiano o español con solo un par de temporadas de diferencia.

La pregunta es como es que el mismo jugador que se tira, protesta y hace faltas bestiales en España, cuando ficha por un equipo inglés se porta que da gusto verle. ¿No será precisamente porque allí los árbitros no consideran un arbitraje malo por sacar muchas tarjetas -como se desprende de tu crítica a tu colega inglés- sino por no sacarlas cuando hace falta? ¿No son los áritros los responsables de ese nivel de vivacidad y deportividad en el juego? ¿No son los malos árbitros, y no la picaresca española, los que malean a los jugadores de la LFP?

En fin. Lo poco que ví del programa me ofreció un curioso ejemplo de como un mismo hecho puede ser interpretado como un argumento a favor o en contra de una tesis según quien saque las conclusiones. A mí todo lo que dijo Losantos Omar me pareció avalar lo contrario de lo que él defendía: La Premier la puede pitar una monja porque los jugadores están acostumbrados a buenos árbitros y el desconocimiento o manipulación (o ambas cosas) que denota el argumento de las semifinales habla bastante de cómo son los árbitros nacionales.


Entre los clientes de este ambigú hay varios notorios seguidores de la Premier League. ¿Qué opináis al respecto?