En la última comida familiar que semanalmente nos reúne a tres generaciones de almas zurigorris surgieron, como suele ser habitual, comentarios diversos acerca de la actualidad del Athletic: la asamblea, los presupuestos, la actitud y aptitud de nuestros socios compromisarios, el comportamiento de los mandatarios…con comentarios contrapuestos, discrepancias parciales o absolutas, casi como si de un foro-blog se tratara.
En este "toma y daca" de opiniones fundamentadas o viscerales surge el golpe de timón del cabeza de familia que torna la dirección del entramado en dirección a la nostalgia: "Chicos, el domingo el Murcia. Hay que acabar el año, si no brindando con cava por los éxitos deportivos, sí al menos con la esperanza de que no se nos atragante el turrón. ¿Os acordáis de aquel 4-1 de las temporadas gloriosas?".
Por un momento, ese comedor familiar, hoy renovado por mor de la actualidad decorativa, me trasladó a aquella mesa de formica verde, con su vajilla de duralex esperando el último pitido de la olla express Magefesa donde terminaba de ponerse a punto el menú del domingo futbolero: sopa, garbanzos y zancarrón con tomate y pimientos; o lo que es lo mismo, sota, caballo y rey. A las dos y media. Como dictaba la tradición cuando el fútbol, al igual que la Misa Mayor al mediodía en punto, nos congregaba a las cinco en la tribuna norte alta de San Mamés.
Quizá aquel fue un día llovioso, tal vez no. No soy capaz de recordar la generosidad de Yllapa en aquella jornada de noviembre. Lo que sí soy capaz de generalizar de aquellos tiempos pretéritos, es la sensación con la que uno comenzaba su digestión en el peregrinar por el puente de Deusto con destino a "La Catedral", con la certeza de degustar una buena tarde de fútbol, sin dejar resquicio a ninguna duda de la eficacia de los nuestros. Al fin y al cabo, era un guión casi calcado al de cada jornada dominical.
Tan sólo he pedido al Olentzero tres puntos. Para evitar utilizar el kalimotxo del Botxo, como mitigante de la acidez del tomate y pimiento murciano.