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viernes, 21 de diciembre de 2007

De la huerta el tomate... y del Botxo el kalimotxo!...

En estas significadas fiestas, donde la tradición impone los reencuentros familiares, los recuerdos compartidos, la alegoría a los que faltan a nuestro alrededor y donde la ansiedad en muchos casos nos asoma disfrazada de Olentzero, recibimos la visita del Murcia.



En la última comida familiar que semanalmente nos reúne a tres generaciones de almas zurigorris surgieron, como suele ser habitual, comentarios diversos acerca de la actualidad del Athletic: la asamblea, los presupuestos, la actitud y aptitud de nuestros socios compromisarios, el comportamiento de los mandatarios…con comentarios contrapuestos, discrepancias parciales o absolutas, casi como si de un foro-blog se tratara.


En este "toma y daca" de opiniones fundamentadas o viscerales surge el golpe de timón del cabeza de familia que torna la dirección del entramado en dirección a la nostalgia: "Chicos, el domingo el Murcia. Hay que acabar el año, si no brindando con cava por los éxitos deportivos, sí al menos con la esperanza de que no se nos atragante el turrón. ¿Os acordáis de aquel 4-1 de las temporadas gloriosas?".


Por un momento, ese comedor familiar, hoy renovado por mor de la actualidad decorativa, me trasladó a aquella mesa de formica verde, con su vajilla de duralex esperando el último pitido de la olla express Magefesa donde terminaba de ponerse a punto el menú del domingo futbolero: sopa, garbanzos y zancarrón con tomate y pimientos; o lo que es lo mismo, sota, caballo y rey. A las dos y media. Como dictaba la tradición cuando el fútbol, al igual que la Misa Mayor al mediodía en punto, nos congregaba a las cinco en la tribuna norte alta de San Mamés.


Quizá aquel fue un día llovioso, tal vez no. No soy capaz de recordar la generosidad de Yllapa en aquella jornada de noviembre. Lo que sí soy capaz de generalizar de aquellos tiempos pretéritos, es la sensación con la que uno comenzaba su digestión en el peregrinar por el puente de Deusto con destino a "La Catedral", con la certeza de degustar una buena tarde de fútbol, sin dejar resquicio a ninguna duda de la eficacia de los nuestros. Al fin y al cabo, era un guión casi calcado al de cada jornada dominical.


Este domingo tengo la sensación de que nada será igual. Ni el horario, ni la compañía en el condumio, ni el recorrido hacia el santuario bilbaíno, ni mis sensaciones prepartido. Tampoco tengo la seguridad de que el adiestrador y sus fieros felinos sepan poner en escena, como en aquella ya lejana temporada 83-84, los haberes de nuestro juego e implicación. Menos aún, y como efecto colateral a horario nocturno, que el actual público se asemeje a aquella rejuvenecida e incipiente concurrencia que implicaba sus gargantas, bufandas y banderas sin temor a la "caraja" de los segundos tiempos, ni a las represalias por un comportamiento indigno de la mejor afición del mundo.


Tan sólo he pedido al Olentzero tres puntos. Para evitar utilizar el kalimotxo del Botxo, como mitigante de la acidez del tomate y pimiento murciano.


Gabon Zoriontsuak izan !!!!

viernes, 9 de noviembre de 2007

De Gabino a La Familia Clampett...

Como estamos dentro del marco de esa Tercera Ley de Newton, "la acción" del post del Cónsul sobre el Vinatero ha suscitado esta lógica "reacción" en Bastertxu, que os trascribo a continuación:



A los históricos moradores de Ibaigane les importaba un rábano que la gente de a pie, la gente común, tomara "pote de barra", falsos cosecheros, falsos Cigales o falsos Riberas. O que en orillas del Manzanares, del Turia o del Llobregat calmaran su sed con Cava, Vinos de la Tierra o Sangría.

Ellos estaban en otra nube, en el limbo de los que consumen productos imposibles de falsificar. Mientras no existiera vendedor ambulante capaz de ofrecer un auténtico Muga, un Tondonia, ni asomaran en sus bodegas los nuevos txakoliñes, fermentados en el amparo de los poderes institucionales, conservaban con esmero y diligencia las costumbres tradicionales de la casa zurigorri.

En el Athletic está ocurriendo un fenómeno singular.

Comenzó en la singladura en la que la política y el dinero fácil se adueñó de los principios zurigorris. Nos hicimos ricos de golpe y porrazo. Pero ricos sin pedigrí, millonarios de sopetón, dirigentes que no han tenido una familia poderosa en el pasado ni una educación de "alta cuna". Tan sólo adiestrados en una espléndida disciplina y convocados al salto de un trampolín que les haga levitar alrededor de "El Dorado" status soñado.

Como nuevos ricos, ante todo asustados y preocupados tan sólo en no perder ese status que nunca merecieron, y aún mirando con desprecio, y lo que aún es más grave, ignorando la dirección de las agujas que marcaba la brújula de la cordura y la mesura. El status adquirido es un galardón de prestigio temporal y en estos casos falso, inmerecido,…y visto lo visto con fecha de caducidad.

Fue hace unos años cuando un ahora famoso industrial leonés contaba con orgullo que, en la época de posguerra, su padre robaba los desperdicios de otra gente y los metía en casa, a escondidas, para después salir a la calle, a plena luz del día, con sus "propias" bolsas de basura para que el barrio lo viera. Tener algo que tirar, en ese tiempo y en aquella geografía, también era síntoma de status.

Así como ese leonés "falsificaba" basura, en este tiempo el mercado de las falsificaciones se dedica a imitar productos llamados “de marca”. De "Marca Barca, Real Madrid, Valencia…."

Esta práctica de bilbainismo fanfarrón contagió al ¿gobernante? que cambió sus notas manuscritas y su taburete a pié de barrica, por sillón confortable con fax, teletipo y línea directa con los "poderes", dejando al descubierto su paranoia de nuevo rico, a quien le cuesta mucho aceptar que haya clubes con la obligación de ser más austeros y sin la suerte de poder comprar los mismos juguetes de fantasía con los que presumen sus homónimos más admirados.

Con ello, decide crear esos juguetes. Con label. Filosóficamente situados en el credo zurigorri.
El nuevo rico adquiere activos en forma de jugadores, gerentes, técnicos, etc,… no porque le guste demasiado el producto en sí mismo, ni porque probablemente lo necesite, sino porque existe un denominador común con sus estructuras admiradas: la marca LFP. Sentirse integrado de pleno derecho, con el pie izquierdo, en la Liga de las Estrellas.


Con la adquisición de esos símbolos parece que colocamos nuestro club en un supuesto "valor de apreciación positivo" en el mercadeo del peso específico de las decisiones a un costo ¿asumible? a corto plazo.
Es como si el producto generado tuviese el precio grabado a fuego y ellos pudieran así generar la envidia de los imbéciles: pasar al grupo de cabeza en la publicación de presupuestos, y convertirse en la "fiera indomable" a modo de Saturno goyesco, engullendo no a sus hijos, sino a los cachorros de los vecinos.

Por una cuestión de reglas internas, los nuevos ricos no pueden decir que compran cosas únicamente por el precio inasequible. Entonces dicen que lo hacen por "la calidad". Aseguran que se ha comprado una producto costosísimo porque lo importado, aún estirando la goma de nuestras fronteras, siempre es de mayor calidad. Son mejores, y además duran toda la vida.

A estos nuevos ricos no les importa valorar realmente la calidad de lo que adquieren: sólo les importa la seguridad de saber que nadie más que ellos, en su entorno, pueden conseguirlo: en Euskadi sólo cabe un club en primera…

Además gozan paseando sus engalanadas adquisiciones, confirmando en sus juguetes esa “marca” que indica la seguridad de la subsistencia, olvidando la grieta que ahora separa la antigua vida de mortales corrientes del nuevo status adquirido a golpe de talón. Recordemos que no han sido ricos siempre: son nuevos y torpes en el malabarismo de la opulencia, contagiados por la imagen de la marca LFP.

Y ahí, precisamente ahí, comienza la revolución de sus juguetes, causada por una vorágine de "toma sin daca", olvidando que el azar era lo que había provocado la buena racha, y no los esfuerzos. Pero esta "Revolución de los Juguetes", merece capítulo a parte...