Leo en otra entrada que, tras mucho intentarlo, el camarada Renano ha conseguido al fín que Legolas reconozca que va a votar al PNV. Fehaciente e indubitadamente, ante los múltiples parroquianos que trataban de evaluar si la tortilla que Cincinato dejó sobre la barra minutos antes de su huída es comestible o no, Legolas anunció el sentido de su voto.
Después de presenciar esa escena he reflexionado sobre la conversión y los conversos. Es obvio que el Vaticano no envía a sus misioneros a evangelizar Polonia o Irlanda, ni los mormones hacen lo propio en Utah. Lo que hacen es tratar de convertir a sus respectivas religiones a aquellos indígenas descarriados que se encuentran por el mundo.
En este sentido no sería mala idea que, aprovechando el partido del sábado en El Sardinero entre Racing y Athletic, la Santa Sede Zurigorri enviara allí una delegación para tratar de difundar su fe y, si es posible, hacer que esta llegue a anidar en los corazones de los indígenas allí presentes. Y no me estoy refiriendo tanto al propietario hindú del Racing, quien su hábito de no comer carne de vacuno le imposibilita de facto para observar los más elementales preceptos del credo zurigorri (ver la bibliografía canónica en torno al milagro de la multiplicación de los chuletones y los riojas), sino al gran jefe indio originario de Polaciones, enjuto y bigotudo. La tarea será ardua y las garantías de éxito mínimas, pero cabe intentarlo.

Años atrás en
El Sardinero, lugar sagrado para los indígenas de ese lado de la
Autovía del Cantábrico, se cantaba a voz en grito los siguientes versos fruto de la imaginación de algún poeta local (entonense al rito del
Mojo picón de
Caco Senante):
Sporting Gijón, Sporting Gijón,
la puta mierda asturiana
se llama Sporting GijónSin olvidarnos de que, por tierras asturianas, anteriores encuentros ecuménicos entre sportinguistas y racinguistas se saldaron más de una vez con auténticas batallas campales. Lo típico en las guerras de religión.
No obstante, el
gran líder concano ha conseguido que esas pequeñas fricciones teológicas se hayan disipado y se ha erigido en adalid de la hermandad. No sólo eso, sino que al grito de
puxa Sporting con la furia del converso, ha declarado que él desde siempre, desde su más tierna infancia allá a más de dos mil metros de altitud, siempre fue del
Racing y del
Sporting (ah... y de la trainera de
Astillero). Ni
Pablo de Tarso fue tan imaginativo respecto a sus sus preferencias infantiles.
Aquí es donde se observa una posibilidad: el hecho de que este indígena pueda volver a sufrir una mutación y convertirse, por fín, a la religión verdadera, cierta y absoluta, la
fe zurigorri. Para ello será necesario que la delegación evangelizadora camine con pies de plomo por tan pantanoso terreno. Sabemos que son misioneros, sí, pero eso no conviene decirselo al indígena, pues procediendo como proceden de
Bilbao, esa palabra le retrotraerá a tiempos pasados. Quizás si hubiera sido un
misionero gratis... pero no, descartemos esto, seguro que fue pagando, él mismo lo ha confesado, lo otro sería un milagro y nos haría hablar de conceptos mucho más elevados. También deberán aceptar sin rechistar sus obsequios, probablemente
anchoas y sobaos, formas autoctonas de quedar como un señor ante cualquier foraneo.
Debe abrirse ese camino, sin duda, porque
la quinta plaza está muy dificil. Entre la posibilidad de jugar un buen partido y ganar al equipo cántabro o la de que el jefe indígena se convierta y nos gestione un regalo de puntos, veo más factible la segunda.
Dios nos pille confesados.