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martes, 1 de julio de 2014

Brasil 2014: octavos de final


Este comentarista no es el más idóneo para disertar sobre la Copa del Mundo que se está celebrando en Brasil, ya que apenas ha visto cuatro partidos completos y alguno que otro más a ratos. No obstante, por lo visto y, sobre todo, apoyado en los comentarios de quienes están siguiendo más el Mundial, parece que se está disputando un campeonato que no tiene mucha pinta de que vaya a pasar a la historia por el buen juego, por el recuerdo de algún gran equipo o de alguna estrella individual. Con la cautela de no haber visto ni un minuto de su participación, parece ser que Colombia ha sido hasta la fecha la selección que mejores sensaciones ha dejado, siendo James Rodríguez (léase james, no yeims), mediapunta o extremo colombiano del Mónaco, y algún que otro portero, como el mexicano Ochoa o el costarricense Keylor Navas, los jugadores que más elogios están recibiendo.

De las grandes selecciones, aquellas que a priori figuran en todas las quinielas como candidatas a ocupar los puestos de honor, unas fueron eliminadas por la vía rápida (casos de España o Italia), otras avanzan por el mundial con más pena que gloria (como Brasil) y algunas más se mantienen de forma discreta sin ratificar todo lo bueno que de ellas se espera (Argentina, Alemania o Francia).

Se han disputado ya tres cuartas partes de la ronda de octavos de final y hay un poco de todo: selecciones de las de toda la vida, como Brasil, Holanda, Francia o Alemania, y un par de notas más exóticas, como Colombia y, especialmente, Costa Rica. Veremos el rendimiento que ofrecen estas dos últimas en la siguiente ronda; por lo pronto, la historia de los mundiales nos ha enseñado que las selecciones que acaban triunfando no siempre comienzan bien. De hecho, no son pocas las veces en que la campeona llega a la final tras múltiples casualidades, carambolas o altas dosis de fortuna. Si Holanda, Francia y Alemania han tenido, al menos, un partido muy bueno (aunque el resto hayan sido bastante peores), Brasil se ha caracterizado por ir de mal en peor desde el inicio, por lo que podemos pensar que, de acuerdo a esa regla no escrita de que quien pasa rondas jugando mal acaba siendo campeona, su  candidatura al título sería la más poderosa. Colombia y Costa Rica, por su parte, se constituyen en grandes incógnitas para el futuro. Así como los colombianos han hecho hasta ahora un campeonato impecable y, por tanto, se podría aplicar el razonamiento inverso al que utilizamos con Brasil, los ticos han dado muestras muy positivas ante rivales de renombre como Inglaterra, Italia o Uruguay y algo más negativas -a pesar de acabar superando la eliminatoria- ante Grecia.

En el momento de escribir esta crónica, tan sólo quedan por jugarse dos partidos de octavos: ArgentinaSuiza y BélgicaEstados Unidos. De acuerdo con sus respectivas plantillas, argentinos y belgas parecen los mayores candidatos a pasar a cuartos, aunque, en la tónica del resto de las grandes selecciones, hasta ahora han dejado más dudas que certezas. Los suramericanos han ido solventando sus partidos encomendándose a un Messi que apenas aparece en el transcurso del partido, pero que sin embargo acude puntualmente a su cita con los goles. Los belgas, por su parte, deberán demostrar algo más de lo que, según cuentan las crónicas, han enseñado hasta el momento para que se asiente como el  tapado del campeonato, etiqueta esa que muchos le han asignado desde antes incluso de empezar el Mundial. Suizos y estadounidenses tratarán de ponerles las cosas difíciles y quizás lo consigan, si es que los favoritos no añaden un poco más de sustancia al juego de lo que han mostrado hasta ahora.

En resumen, a falta de lo que suceda hoy con los dos partidos de octavos que restan por jugarse, es muy probable que la fase de cuartos de final depare algunos enfrentamientos a priori muy atractivos. Al menos así se presupone por los nombres de los contendientes. Esperemos que sea el momento de que este Mundial remonte un poco el vuelo y se pueda disfrutar de mejores partidos de los que ha habido hasta ahora.

martes, 17 de junio de 2014

El Caballero Rojo


Arturo, rey de los bretones, busca a los caballeros más fuertes de la comarca para llevárselos con él a Camelot. Se adentra en un bosque y le sale al paso un terrible y valeroso guerrero, el Caballero Negro, que se niega a dejarle paso. Arturo y el Caballero Negro cruzan sus espadas y en la refriega el rey arranca de cuajo uno de los brazos de su adversario.
- Ahora apartaos, digno adversario.
- No es más que un arañazo.
- ¿Qué decís? ¡Os he cortado un brazo!
- No, no es cierto.
- Entonces... [Arturo señala el brazo ensangrentado en el suelo] ¿Eso qué es?
- Heridas más graves he sufrido.
Los caballeros de la mesa cuadrada y sus locos seguidores (Terry Jones y Terry Gilliam, 1975)

José Antonio Camacho Alfaro, cincuenta y nueve años, natural de Cieza (Murcia), es el Caballero Negro del futbol español, aunque, para ser más precisos, dado el color de la camiseta de la selección nacional, deberíamos llamarlo el Caballero Rojo. Es valeroso, no teme a nada ni a nadie y es capaz de defender cualquier causa, por perdida que esté, con un arrojo del que sólo los más aguerridos caballeros pueden presumir. Esa, al menos, es la conclusión a la que uno llega tras el partido entre España y Holanda, correspondiente a la primera jornada del grupo B de la Copa del Mundo que se está disputando en Brasil

La apabullante victoria de la selección Oranje por cinco goles a uno dio paso, principalmente, a dos tipos de reacciones entre los aficionados de la Roja. Por un lado, los de quienes veían con horror cómo iban cayendo goles, uno tras otro, en la portería de Casillas y consideraban que había que ser respetuosos con esos jugadores que, otrora, les habían hecho saborear la gloria del triunfo. Entre este grupo se puede decir que la derrota ante Holanda se ha visto, en general, como el final de una era y que, con todo el dolor de su corazón, lo único que les quedaba era agradecer a sus héroes los servicios prestados y pensar en una pronta regeneración. Por otro lado, está el grupo más numeroso, el que en sus asadurillas lleva impresa la carga genética más añeja del celtíbero: el cainismo. Estos no esperaron a que el árbitro señalara el final del partido para arremeter contra entrenador y jugadores y vomitar la bilis que durante años llevan envejeciendo en barrica de roble. No crean, sin embargo, que el grupo de los despellejadores es compacto y homogéneo: unos se cagan en las muelas de Del Bosque, mientras que otros lo hacen sobre las de Casillas o Xavi; unos se acuerdan de la madre de uno y otros del padre de otro; unos está por el apaga y otros por el vámonos. ¿Y nuestro Caballero Rojo qué? Pues Camacho ni con unos ni con otros, para él ese tropiezo en el primer partido del mundial no fue más que un arañazo.


Y es que Camacho es de los que, en lo que se refiere a España y a su selección, no tiene la menor duda: prefiere morir que perder la vida. Así lo dejó bien claro en sus intervenciones como analista antes y durante la retransmisión televisiva del partido:

'España tiene los mejores centrales del mundo' [antes de empezar un partido en el que Piqué y Ramos fueron los mejores delanteros holandeses, con participación decisiva en cuatro de los cinco goles encajados]...

'España va a ganar porque es el mejor' [Sneijder acababa de fallar un uno contra uno frente a Casillas nada más empezar el partido]...

'Vaya atraco otra vez... Nosotros no somos Brasil' [tras una jugada en la que Diego Costa pedía penalty, minutos después de que el árbitro pitara uno, como mínimo discutible, a favor de España]...

'España se va a venir arriba' [cuando la Roja empezaba a flojear tras el empate holandés]...

'Estos dos goles nos han hecho un poquito de mella' [el equipo español, en ese momento, presentaba señales francamente preocupantes de rigor mortis futbolístico]...

'Mala noticia para Brasil cruzarse con nosotros en octavos' [el Caballero Rojo comienza a dar por perdido su brazo y avisa a su rival de que le queda el otro sano]...

'Es imposible criticar a este equipo. Ahora hay que animar a España que es nuestra selección' [traducción: nos han metido cinco pero yo soy español, español, español]...

Imagino a Camacho durante estos días encerrado en una habitación de hotel en Brasil. Seguramente Manu Carreño o Kiko Narváez hayan llamado varias veces a su puerta: Jose, pisha, nos vamos un rato a tomar unas caipirinhas a la piscina. ¿Te vienes? Y Camacho les habrá soltado un bufido, les habrá mandado a esparragar y habrá seguido con sus ejercicios de concentración para canalizar toda su energía en cantar un gol... qué digo uno, dos, o tres, o quizás cuatro... y pensará: Ay, Iniesta de mi vida, tú nos guiarás a la victoria frente a los chilenos... que sí, es cierto, corren mucho y son fuertes y es un equipo que presiona arriba y a nosotros se nos hacen un poquito largo los noventa minutos porque físicamente estamos hechos unos zorros... pero da igual, porque somos los mejores y quien no lo sienta así ni es español ni es ná.