
“Al despertar Gregor Samsa una mañana, tras un sueño intranquilo, se encontró en su cama convertido en un monstruoso insecto”.
Así comienza “La Metamorfosis” del maestro Kafka, una de las más estremecedoras fábulas que jamás haya leído, “kafkiana” hasta lo indecible, asombrosa, inquietante, absurda, cruel, conmovedora, llena de miedos interiores….una aterradora pesadilla con “toques” cómicos, eso sí, al estilo que Kafka considera “comicidad”.
Desde que la leí cada vez que me doy con la palabreja en cuestión, “metamorfosis”, un escalofrío me recorre la espalda. Pero, en realidad, si hablamos de metamorfosis hablamos “simplemente” de ese proceso por el cual un objeto o entidad cambia de forma. Atendiendo a esa definición parece que ahora estamos asistiendo a una “metamorfosis zurigorri”. Solo leer la entrada anterior, la de nuestro Almirante, da muestras de la transformación que se ha operado ante nuestros incrédulos ojos sobre el verde de San Mamés.
Y si la obra de Kafka tiene tantas interpretaciones como lectores, después de darme ayer noche una vuelta por esos foros de Dios habrá que reconocer que este “cambio en rojo y blanco” tiene casi tantas interpretaciones como aficionados.
Por lo que veo un sector de “sabios” aficionados se ha convertido en “apóstoles del cambio caparrosiano”. Según determinan los dogmas de su fe, al tercer año Joaquín Caparrós se “transformó”, abandonó su forma “vieja”, defensiva, cobarde y ruin, adquiriendo una forma, digamos, “moderna”, alegre y vistosa, abrazando la fe “rotacional”, antes denostada por él, apostando por los "Diez Mandamientos" de la defensa adelantada y la presión en campo contrario. En definitiva, entienden que la “transformación” es , básicamente, una transformación "mecánica", producto de un par de ajustes tácticos. El corolario de esta fe es echarle en cara a Caparrós que haya tardado casi tres años en realizar ese par de ajustes tan obvios y, por otra parte, tan eficaces. En fin, que de un equipo que vivía en una habitación cerrada y cuya única ventana daba a un paisaje de eterna lluvia y niebla, un desierto en el que se confundían cielo y tierra por ser igual de grises, hemos pasado a un vergel futbolístico simplemente haciendo un par de cambios tácticos.

Y yo me pregunto, ¿se ha producido, de verdad, tal “metamorfosis” en Caparrós?. ¿Será Caparrós una especie de Gregor Samsa con una transformación de ida y vuelta... de “apuesto” ser humano en su llegada……a insecto asqueroso desde el año pasado, arrojado entre desperdicios al interior de su cuarto, aislado y atacado, víctima del horror, el asco y el desprecio….y de ahí , de nuevo, a noble caballero?......en el lenguaje caparrosiano……¿habrá pasado de monja a puta y de ésta, de vuelta, al monasterio?.
Quisiera creer que sí. Ojalá esta interpretación sea la correcta. Si esto es así y , además, Dios es, de verdad, tan buen Padre, como cree nuestro cónsul, sería el hombre más feliz del mundo. ¿Por qué?. Porque, en lo zurigorri y dejando la teología de lado, eso significaría que el cambio es definitivo, duradero, y que me puedo sentar en mi localidad, sin miedo, dispuesto a disfrutar jornada tras jornada de un fútbol que enamora. Porque quiero suponer que Caparrós , tras su transformación y visto los resultados de la misma, no volverá a pedir al equipo que defienda más atrás ni que presione, como he leído por ahí, de forma individual y en campo propio.
Sin embargo tengo la pesada sensación de que, al igual que los protagonistas de la novela de Kafka, ni los más “sabios” de entre los foros conocen , de verdad, las leyes que rigen los laberintos de esta transformación. Yo, desde luego, en mi modestia no presumo de conocerlos.
No tengo idea clara, y tampoco sé si me importa mucho, de la razón definitiva tras el cambio. No sé si Caparrós ha hecho el curso por correspondencia de CCC “Hágase entrenador de éxito en dos meses”, si ha aprendido su oficio este verano leyendo foros en Internet o escuchando a LuisFer el contertulio de Velasco. Aunque me permito dudarlo.
Yo francamente no veo , desde mi humilde condición de aficionado sufridor, cambios significativos en lo táctico. Quizás haya algún detalle nuevo que se me escape, pero poca cosa para tanto resultado. Y me acongoja, preferiría que los apóstoles del cambio tuvieran razón porque, insisto, entonces esta metamorfosis sería para siempre, me aprestaría a ver partidos así cada jornada y no hay nada que quiera más que eso. Pero no lo veo y lo siento.
¿Dónde, entonces, buscar las claves para este rendimiento actual?. Os ofrezco aquí algunas de las ideas que he oído en los últimos tiempos en gentes de bien que, sin ser dogmático, me resultan más creíbles que las anteriores:

a) Autoestima. Hace unas semanas y tras la vergüenza de Tromso le comenté al aitite, nuestro Gran Lider, lo que un amigo, con cercanía a la familia de un jugador de la plantilla, me había comentado el Sábado anterior. “JuanCar, este equipo, tras clasificarse para la liguilla europea va a empezar a jugar como sabe. Se han liberado de un peso brutal. Verás como esto mejora semana a semana. Tras llegar a la final de Copa y entrar en UEFA empiezan a creer”. Incrédulo, le respondí, “cómo se ve que eres una buena persona…por cosas así eres mi amigo”.
Lo cierto es que el fútbol como tantas cosas en la vida (sí, tambien en "eso" es importante la autoestima, renano) es un estado de ánimo. La confianza, el que las cosas vayan bien en el inicio, el cumplir objetivos, tiene un efecto balsámico enorme, potencia las cualidades, los jugadores se sueltan, intentan lo que antes no se atrevían y , además, les sale.
b)Una superioridad física en medio campo evidente. Cuando llegas un segundo antes que tu rival a la disputa, cuando eres más fuerte e intenso que él, cuando ganas los balones y no los pierdes al segundo siguiente, todo resulta más fácil. El rival te llega menos y parece que defiendes mejor, tus compañeros disponen de más balones y con la posibilidad de jugarlos en ventaja, con un contrario que no está ya perfectamente posicionado. Para mí este aspecto explica muchas cosas, no hay más que ver lo que pasó en los últimos 15 minutos del partido de ayer.
Como veis son razones menos “estables” que las del “cambio de Caparrós”. La autoestima tal y como se gana se puede perder y la superioridad física puede , a corto o medio plazo, dejar de ser tal. Por eso me gustaría no tener razón y que todo se redujera a un ajuste táctico (que espero que no nos copie nadie).
Por cierto, el final de la obra de Kafka está cargado de fracaso, es un desenlace desagradable, lleno de frustración. Un final que te hace preguntar….¿es que no había otra posibilidad…no había esperanza…de verdad a Samsa no se le podía dar otra oportunidad?....
Esperemos que en nuestro caso, la historia de esta transformación avance por otras sendas. Pero por si acaso, hagamos caso del mejor consejo que nadie haya dado jamás….”carpe diem”.
PS: Casi que no quiero que llegue el Miércoles, no vaya a ser que se rompa el hechizo.