
Estoy en el limbo.
Sobre todo por la fiesta del miércoles copero.
Puedo afirmar y afirmo que disfruté incluso más que en la final del 84 en Madrid. Es cierto que ver ganar la copa al Athletic en vivo fue algo irrepetible, pero mi extremada juventud de entonces y la brutal explosión de pasión que se desató en una, rebasaron mi capacidad de disfrute.
Aquéllo fue como un polvo largamente esperado y que al final resulta demasiado apresurado por culpa de una ansiedad mal controlada.
Sin embargo el miércoles con la templanza de la edad, pude saborear mucho mejor del partidazo de los leones, de la emoción de ver un San Mamés entregado, y de la fiesta de antes y después por Pozas.
Pero también estoy en limbo por el encuentro de las neskas este domingo.
Ya sé que sólo era un partido más de superliga contra un rival "menor" - con todos los respetos al Atlético que está realizando una gran campaña -, una competición que ya está imposible para las nuestras.
Lo que pasa que tuve la buena idea de colocarme en la grada detrás del grupo de "gaztetxoak", las docenas de chavales ataviados con pinturas de guerra rojiblancas que animaban desde su alegría innata a las nuestras, y me sentí como en los viejos tiempos, llena de ilusión por sentirme parte de este equipo.
Y por eso disfruté como hacía mucho tiempo que no lo hacía, del gran partido de las nuestras; salté con los goles de Eli como un gaztetxo más ( y de los demás también, pero es que me coloqué en ese sitio tras el descanso y fueron los txitxarros que más me motivaron, porque además se los merecía más que nadie por el buen trabajo que estaba realizando), y degusté el gran partido de Amaia, de Iraia y de toda la defensa en general (a pesar de que en el gol de ellas anduvieran pelín despistadas).
Así que estoy en el limbo por todo eso. No sé por qué me da que este año me van a tocar dos finales de copa...
El foco: Penalty en contra. El partido está ya resuelto con un 5-1 creo recordar y las colchoneras tienen la oportunidad de maquillar el resultado.La jugadora rival coge carrerilla y con un toque sutil, casi a lo Panenka, pone el balón aparentemente lejos de nuestra portera, la cual ya está en pleno vuelo a su derecha. Y es entonces cuando ocurre el milagro: Andere se queda por un segundo eterno como suspendida en el aire, con su cuerpo indefectiblemente escorado en una posición sin vuelta atrás logra sin embargo detener el tiempo por un instante. Igual que hizo Nijinski, el mítico bailarín del ballet ruso hace 100 años; él encandiló a los parisinos de la época con un salto prodigioso que desfió las leyes de la gravedad... como Andere, sacando el balón a mano cambiada cuando todos lo veíamos ya besando la red.
...Y yo me alegro infinito: Merezi duzu, neska!
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