Pues bien, en medio de esas condiciones el fútbol se convirtió en una de las pocas vías de escape de aquella población castigada y en crisis absoluta. Así nació el mito. Su grito de guerra: "Grande Torino". Sí, aquel equipo turinés, en los años cuarenta, alegró la miserable vida de muchos italianos.
El Torino pugnaba, entonces, por ser el mejor equipo de Europa, y por qué no, del mundo. Y tenía sólidas razones para reclamar ese cetro. Solo hay que repasar aquella plantilla y encontrarse con gente como su legendario capitán, el gran Valentino Mazzola, padre de Sandro quien llegó a ser otro de los grandes de Italia (véase la emotiva foto en la que Valentino le ata las medias a su hijo Sandro). A su lado jugaban los no menos aclamados Menti, Rigamonti, Bacigalupo , Franco Osola o los hermanos Ballarin.
Por eso no extraña que el 11 de Mayo de 1948 el seleccionador italiano convocara nada menos que a diez jugadores de aquel Torino para el partido contra la potente Hungría, a la que derrotaron. Aquella selección italiana era el Torino y los periódicos de Turín no tuvieron empacho en reconocerlo así, saludando aquella victoria con titulares como "El Toro conquista Hungría".
Y así llegó la temporada 48/49. El Torino era lider destacado cuando solo quedaban cuatro jornadas para terminar el campeonato. Habían sido capaces de anotar, aquel año, la nada despreciable cifra de 124 goles en 40 partidos disputados.
La fama de aquel equipo había crecido tanto a nivel mundial, sus jugadores eran tan reconocidos y admirados que las peticiones para jugar amistosos en otros países llovían sin cesar y con suculentos contratos económicos de por medio.
No era el caso de aquel partido jugado el 3 de Mayo de 1949, el que se convirtió, maldita sea, en el último partido de aquel Torino. Tuvo lugar en Lisboa, donde los italianos se desplazaron para jugar un amistoso contra el Benfica. La razón principal de la asistencia del Toro a aquel partido no fue la económica, sino la gran amistad que unía a Mazzola con el capitán del Benfica, el gran José Ferreira. Esa fue la razón por la que el luso pidió que en su partido homenaje, el partido que significaba su adiós al fútbol, estuviera presente el equipo de su "hermano" Mazzola.
Al día siguiente el avión que los trasportaba, mientras comenzaba el aterrizaje, debido a la densa niebla, se estrelló contra los muros del jardín de la Basílica de Superga junto al aeropuerto de Turín. Fallecieron los 31 pasajeros. La que se conoció como "La tragedia de Superga". Un frío salvaje recorrió la espina dorsal de toda Italia y quizás del mundo. El país quedó, otra vez, conmocionado.
Dicen que un millón de italianos se dieron cita en la plaza de Turín para dar el último adiós a los que hasta aquel fatídico 4 de mayo y , en realidad, para siempre, serían sus héroes. Ver la enorme multitud de gente (ahí le cedo el testigo, Almirante) dando la última despedida a sus héroes, dice muy claro lo que ese equipo significaba. Y el porqué de su leyenda.
Desde ese día la Basílica de Superga, donde se encuentran los restos del avión, una placa con los nombres de los fallecidos y una lápida, se convirtió en un lugar de peregrinación para los torinistas y para los amantes del futbol.
Solo uno de sus jugadores, Sauro Tomá, que tenía el menisco lesionado no formó parte de aquel viaje y salvó así la vida. También se cuenta, como anécdota , que Ladislao Kubala había acudido a aquel partido en Lisboa como estrella invitada. Que debía volver junto al Torino, dado que entonces jugaba en Italia, pero que su hijo pequeño que le acompañó en el viaje junto a su mujer se puso malo y la pareja se quedó en Lisboa para que le atendieran allí. Los tres se libraron así de una muerte segura.
En el momento del accidente, el Torino era líder del Calcio, con tan solo 4 partidos por disputarse para acabarlo. El club tuvo que jugar con el segundo equipo y sus juveniles, y en señal de luto y de respeto, sus contrincantes en esos partidos, Génova, Palermo, Sampdoria y Florentina, también jugaron repletos de juveniles. Fue el último título, título póstumo, que ganaron Mazzola y sus compañeros.
El 4 de Mayo de 1949, el día en el que el corazón de Turín se hizo pedazos. "Grande Toro", siempre en el recuerdo.
Desde entonces, cada 4 de Mayo en Turín se realiza un homenaje a aquel Torino. No hay más palabras, basta con contemplar las imágenes. Su turno, Almirante.