
Aunque está pendiente hablar más de la próxima asamblea, después del cruce de opiniones de ayer entre Sir Piston y un servidor, creo oportuno refrescar el ambiente con en tema que se sale de lo estrictamente rojiblanco, pero que pese a ser atemporal no deja de parecerme muy interesante, incluso desde una óptica meramente Athletic.
De vez en cuando, para no perder del todo mi oxidado inglés, leo alguna revista extranjera.
Este verano cayó en mis manos un “The Economist” en el que venía un interesantísimo artículo sobre fútbol. No lo comenté entonces porque estaba atravesando una de esas fases de “Esta vez va en serio: dejo de escribir en la web”.
Pero lo he rescatado y paso a resumirlo y comentarlo.
“The Economist” es un defensor del liberalismo económico y es contrario en principio a ponerle limitaciones al mercado. Sin embargo admite excepciones por interés general y se pregunta si esas excepciones son aplicables al mundo del fútbol. Y todo ello a raíz de un debate abierto dentro de la UEFA, del que no me han llegado noticias desde otros medios, acerca de si se deben implantar limitaciones al fútbol europeo, al estilo NBA, para aumentar la competitividad.
El deporte es diferente
El tratado de Niza incluye una mención en el sentido de que el deporte, aparte de ser un negocio, tiene unas especificidades sociales y culturales que le pueden hacer merecer un tratamiento diferente al de un negocio normal y corriente.
¿Se merece el fútbol un tratamiento específico que limite la competencia, a pesar de ser un negocio, basándose en ese artículo?

En principio podría parecer que sí: en el mundo del deporte es necesaria una competencia equilibrada para poder ofrecer un producto vendible. En otros negocios, la competencia te limita y es un estorbo, pero un equipo de fútbol necesita que sus rivales sean viables para sobrevivir: nadie iría a ver a un equipo a jugar contra sí mismo. Esto puede justificar excepciones a las leyes antitrust en temas como por ejemplo la venta colectiva de los derechos de TV, en el sentido de que aunque el público pague por el R. Madrid, el evento ofrecido necesita de la existencia del Almería, por poner el ejemplo de un rival modesto (el ejemplo es mío)
Se trata de evitar círculos viciosos: los mejores equipos conseguirían más ingresos, eso les permitiría fichar mejores jugadores, la diferencia deportiva, y con ella la económica, se haría cada vez más grande, y un gran número de equipos dejarían de ser viables económica y deportivamente, lo que destruiría la competitividad de las ligas nacionales, desanimando a lo espectadores y dañando a todos los equipos, incluso a los grandes.
Sin una cierta colectivización de los ingresos, que garanticen un cierto nivel incluso a los modestos, esto acabaría con las competiciones como se entienden hoy en día.
En esta línea, prosigue “The Economist” el año pasado un grupo de ministros de deportes de la Unión Europea emitieron un informe (Independent European Sport Review) Uno de sus puntos declara: “El fútbol no debería ser una competición entre Leviatanes corporativos con el resultado dictado por quien tenga el bolsillo más profundo”. El informe defiende que se repartan con más igualdad los ingresos televisivos, se implanten techos salariales y límites a los importes que se puedan invertir en fichajes.

A este respecto “The Economist” opina que este tipo de limitaciones al libre mercado solo pueden admitirse en el caso de que provean ventajas a los consumidores que las justifiquen. Y en este caso, el prestigioso semanario británico, no tiene claro que sea así. Para ello se basan en un tal Stefan Syzmanski, profesor del Colegio Imperial de Londres, y autor de numerosos libros sobre la economía del fútbol, que opina que la defensa de la paridad de ingresos tiene una base débil. El fútbol profesional europeo, opina el profesor, siempre ha estado desequilibrado sin que eso haya dañado su popularidad. Según él, la estructura piramidal de las ligas (abiertas y no cerradas al estilo americano), con ascensos y descensos, garantiza que el interés por la competición se mantenga vivo incluso en aquellos equipos que no luchan por el título. Habrá equipos que luchen por la champions, otros por la UEFA, otros por no descender... Además también están las numerosas rivalidades locales.
Finalmente añade que los partidos entre equipos de alto nivel, con los mejores jugadores, no garantizan el espectáculo. Los partidos entre estos equipos suelen jugarse de forma muy prudente, con planteamientos muy tácticos.
Lo que viene a decir el tipo este es que la desigualdad está bien para que haya espectáculo, que consistiría en ver como un “grande” se hincha a meter goles a costa de un “pequeño” que mantendría vivo el interés de sus socios, garantizando su supervivencia y con ello que el “grande” pueda seguir teniendo sparrings, gracias a partidos con otros pequeños con los que haya piques vecinales o se jueguen evitar el descenso.
Yo no estoy de acuerdo. Y creo que las limitaciones que sugiere ese informe serían buenas para el fútbol, y especialmente para el Athletic.
Pienso además que las razones que esgrime ese profesor han podido valer para compensar las desigualdades que ha habido hasta la fecha, pero que estas son cada vez mayores y pueden, efectivamente, ser una amenaza para la competitividad y la emoción de la competición en la línea de lo que se argumentaba inicialmente.

Lo que no sé es en que han quedado esas recomendaciones, que según parece están siendo objeto de un debate casi secreto en el seno de la UEFA, y tampoco sé si otros medios más próximos se han hecho eco de esta noticia.