lunes, 9 de noviembre de 2020

Garitano: o como el buque no se apartó ante tierra


Todos conocemos el chiste del prepotente barco de guerra que se niega a rectificar el rumbo de colisión que lleva contra una luz... hasta que le explican que la luz es un faro y que si no vira chocara contra un acantilado.

Al menos en el chiste se supone que el buque termina virando. Es evidente que Garitano no era el capitán: nuestro míster hubiera llevado su apuesta hasta el final.

¿También la llevarán los que tienen autoridad para cesarle y buscar otro capitán? Urge un golpe de timón, señores.

Por seguir con los símiles náuticos, las ruedas de prensa de Garitano me recuerdan cada vez más a mi admirado Humphrey Bogart (me refiero al actor, no al antiguo cliente que hace tiempo que no nos visita) cuando declara en la escena del consejo de guerra de "El Motín del Caine", totalmente sonado, tratando de justificar lo injustificable. A este paso solo le van a faltar las canicas.



jueves, 8 de octubre de 2020

Tempus fugit: es hora de una moción de censura


Estuve a punto de decirlo en la entrada anterior pero me contuve: al fin y al cabo estábamos a las puertas de una Asamblea y no se ven alternativas claras.

Pero después de la rueda de prensa de hoy del presidente y el anuncio de que la asamblea será el domingo 15 de noviembre en San Mamés creo que urge tomar medidas.

Esta crisis la iniciamos los socios eligiendo a este incompetente y nadie la va a solucionar en nuestro lugar: nosotros metimos la pata, nosotros tenemos que sacarla.

Ya llevamos unos días valiosos perdidos discutiendo de Llorente ¡a estas alturas! en vez de viendo como un nuevo entrenador contrastado se va a haciendo con el equipo. Pero estos no toman decisiones, ni las van a tomar. La táctica es la misma que con la Asamblea, patadón y alejar el balón.

Llegará el 15 de noviembre y como mucho se rechazarán las cuentas y se convocará otra asamblea, con la esperanza de que una segunda derrota les lleve a dimitir, constituirse (ellos mismos) en gestora y convocar elecciones.

Un itinerario muy largo y sometido a muchos condicionantes. No nos lo podemos permitir. Creo que tenemos que movilizarnos ya.

Alguno lo considerará una exageración. Yo no. Anteriores mociones de censura se impulsaron por grandes meteduras de pata concretas (Lamikiz y Zubiaurre, Macua y su sorteo amañado...) Parece que necesitamos un gran bombazo para movilizarnos y que ahora, aparte de una mala clasificación que pudiera ser coyuntural, "no es para tanto".

Pues no estoy de acuerdo: la acumulación de incompetencia que hay en todos los estamentos del club es más grave que la debacle que pudo ser y no fue (Zubiaurre) y un bochorno lesivo para los socios pero sin consecuencias estructurales para el club (el sorteo) El riego potencial al que estamos expuestos con esta gente al timón del Athletic, en lo deportivo e institucional, es enorme.

Por eso, "Ecce nunc tempus acceptabile, ecce nunc dies salutis" (Ahora es el tiempo favorable, ahora es el tiempo de la salvación) El reloj y el calendario corren, el daño que nos pueden hacer es creciente: ya estamos tardando.

martes, 6 de octubre de 2020

El Athletic convertido en un circo de tres pistas...

...con unos payasos que hacen muy poca gracia.

Espectáculo garantizado: uno no sabe dónde mirar

Me gustaría tener tranquilidad para ordenar mis ideas y convertirlas en una entrada esquemática y ordenada; pero me siento incapaz de hacerlo.

Lo único que puedo decir con claridad es que estoy muy preocupado. A la crisis deportiva, ya bastante grave de por sí, se une una crisis institucional sin precedentes. No es nuevo vernos en apuros con la sensación que ni en el banquillo ni en Ibaigane están las personas adecuadas. Pienso sobre todo en "los dos llamados años" en los que, con un para mí nefasto Lamikiz en la presidencia, vivimos sendas crisis deportivas con entrenadores que parecían incapaces de dar con la tecla para levantar a unas plantillas limitadísimas pero tal vez no peores que otras tres.

No voy a entrar en si Elizegi es peor o no que Lamikiz. Con Macua en el tercer cajón del podio, la distribución del oro y la plata como peor presidente de la historia entre esos dos sujetos se la dejo a otro. Pero con independencia de eso me temo que la situación actual es mucho peor. ¿Por qué digo eso?

Solemos referirnos al Athletic como una institución, porque lo es; y eso le da una especial fortaleza que definiría como la suma de una serie de intangibles construidos a lo largo de sus más de 120 años de historia: un saber hacer institucional, un arraigo social, una forma de ser Athletic en dirigentes, técnicos, jugadores.... y periodistas.

Por mal que lo pasáramos con el tándem Sarriugarte-Lamikiz, por ejemplo, aunque ya se notaba cierta decadencia en esa fortaleza de intangibles, uno al menos mantenía una cierta confianza en todo ese entramado.

 Pero ¿qué queda de todo ello?

Nuestro triunvirato
No es ya que el entrenador lleve meses demostrando que ha llegado a una situación de bloqueo con su plantilla, ni que tengamos a un presidente que confunda el liderazgo con la repetición de frases sacadas de un calendario: es que además la dirección deportiva está en manos de alguien que todavía no sabemos que mérito acredita para ese puesto y que da vergüenza ajena cuando abre la boca. Es que la prensa se ha convertido en una camarilla de cortesanos que hacen propaganda en vez de periodismo. Es que el vestuario parece el camarote de los Hermanos Marx, con declaraciones extemporáneas de jugadores descontentos, reprimendas públicas de unos jugadores a otros, interferencias en el trabajo del entrenador y de la dirección deportiva, y exhibicionismos nada ejemplarizantes en unos momentos tan duros como los que la sociedad está viviendo este año. Encima tenemos un equipo directivo improvisado -la precampaña y campaña de Elizegi fue una mala comedia- que por si fuera poco al parecer está dividido y yo añadiría que desorientado, como parece confirmar el culebrón que se vivió ayer por la tarde con el "Caso Llorente"

Con el público de San Mamés confinado a efectos futbolísticos y la prensa mirándose al ombligo de sus intereses particulares, no veo cómo transmitir a este conjunto de malos payasos que no tienen gracia.

Me decís algunos de vosotros que esa labor la hacen las redes sociales, que el presidente las sigue de forma enfermiza y que eso le puede presionar tanto como las gradas de San Mamés. Lo dudo. Y además, ¿en eso radica nuestra esperanza? Pues cuidado, porque según donde mire, igual se nos vuelve terraplanista.

Quedaría la Asamblea de Compromisarios, pero más allá de que varios de ellos encuentren desahogo en soltar en público lo que muchos pensamos, no veo qué va a poder aportar al gobierno del Athletic. La influencia de la Asamblea, por caliente que resulte, durará lo que tarde en secarse la tinta del periódico del día siguiente, o igual menos.

Soy muy pesimista.

Hasta ahora el Athletic ha soportado muchas crisis gracias a esa robustez que he definido antes como una fortaleza hecha a base de intangibles; pero hasta la roca más sólida se termina desgastando por un goteo constante. Y aquí no hay un goteo: hay una manguera de agua a presión mezclada con arena. Convendría no olvidar que ese chorro lo abrimos nosotros cuando elegimos a un candidato cuya campaña electoral fue toda una exhibición de inconsistencia, contradicciones, vacuidad y falta de sinceridad a la hora de contestar preguntas incómodas.

¿Exagero? ¿Escribo influido por un momento depresivo de la ciclotimia propia de un aficionado al fútbol y de la que tanto nos reímos cuando la vemos en la la que llamábamos la web amiga? Eso espero. Los acontecimientos de las próximas semanas (parón, vuelta a los partidos, asamblea...) lo dirán.

 

domingo, 13 de septiembre de 2020

El Pre-Expediente Gundi

Abrí, con cierta curiosidad, aquella caja durante tanto tiempo olvidada. Aparentemente en ella habitaban pocas cosas que llamaran la atención, las habituales medallas y condecoraciones que ya no caben en mi uniforme. Alguna carta pidiendo, supongo, clemencia y otras solicitando algún favor….y aquel par de ajadas fotografías….ah!...si, Sofia….la leal, la discreta, la siempre fiel Sofia…..recuerdos de un tiempo seguramente mejor pero también sombras oscuras, fantasma del pasado que, a veces, quieren volver y atormentarme. Pocas veces lo consiguen. Lo hecho, hecho está y las razones de Estado son siempre poderosas. 

 Conocí a Sofia en 1944. Orgullosos y victoriosos desfilamos por sus calles aquel mes de Septiembre. Bulgaria, la siempre leal, la fiel, la obediente, la sumisa. ¡Qué fácilmente cuajan en el imaginario occidental ideas que no se corresponden con la realidad!. Esas elecciones al 99,8% o esos rítmicos aplausos inacabables saludando el discurso del líder comprendo que, a espíritus simples, les confundan. Como si eso viniera de serie o fuera sencillo de conseguir. Los que fuimos protagonistas de aquella historia sabemos que a Sofia, estimados capitalistas, la tuvimos que convertir en leal, en fiel, en discreta y, sobre todo, en obediente algo que no estaba en su naturaleza. De hecho, ella siempre tuvo tendencia a la infidelidad, a menudo voluble, juguetona, inconstante. 

Sus arriesgados jugueteos la habían llevado, unos años antes, a coquetear con el Eje, a firmar papeles, a facilitarle las cosas, esperando, por supuesto, obtener ventajas: Macedonia, tal vez un trozo sabroso de Serbia. Su ambición le hizo permitir que, complacida, el ejército nazi la “tocara” y tomara posesión de ella. 

Y me encomendaron a mí, aquel 1944, la primera vez que la veía, someterla, disciplinarla, dominarla. Aquellas fueron mis órdenes. Recuerdo aquel primer día junto a Sofía. Se presentó sonriendo, “vestida” de rojo. Había declarado la guerra a su antiguo amante, y ahí estaba, resplandeciente, aparentemente dispuesta a “juguetear”, de nuevo, ahora con el que podía ser su próximo dueño. Intentaba, en fin, cambiar de bando sin despeinarse. 

Necesitaba una lección y yo tendría que ser su maestro. Tres meses me costó tenerla a mis pies, subyugada, arrepentida, sumisa, dócil, leal y obediente, de verdad, para siempre. Tres meses y treinta mil muertos, todo hay que decirlo. Antiguos ministros, periodistas, religiosos, intelectuales. poblaron el campo de Belene. Pero Belene no es Kolimá y no podíamos esperar que el tiempo y el clima hicieran su labor. Y había prisa.

 Las coronas de flores que rodean el pilar de 40 metros en cuya cúspide un soldado soviético eleva su arma hacia el cielo es la prueba del gran trabajo realizado aquel año. Los afiliados al Partido pasaron de 15.000 a 250.000 en las primeras semanas, miel sobre hojuelas. Y, para mí, es motivo de orgullo que años después se hablara de Bulgaria como la 16ª República de la URSS, la “última hija de Stalin”.

Pero no es fácil matar del todo las tendencias volubles, el gusto por los juegos peligrosos. A veces, tras años de tranquilidad terminan por resurgir. Y hay que volver a “disciplinar”. Así que tuve que visitar, de nuevo, Bulgaria, la leal, la sumisa, y a Sofia, la entregada, un par de veces. 

Era el año 1965. Una Bulgaria atraída por el “modelo chino” y su “gran salto adelante”. Y es que el camarada Jivkov, a pesar de su longevidad o precisamente por ella, no era un tipo de fiar. Demasiado culto a la personalidad, demasiado revisionismo, demasiado cultivar cierto nacionalismo. Demasiado recordar que fueron monjes búlgaros los que nos dieron a los eslavos nuestro alfabeto. Demasiado recordar que su partido fue creado antes que el de Lenin. En definitiva, demasiado recordar el pasado, demasiados errores que desembocaron en aquella intentona militar de Abril que tuvimos que desarticular rápidamente. 

Sin embargo, aquella segunda visita me dejó un regusto amargo. De alguna manera el regusto del fracaso. Ya sabéis que por prudencia, en mi trabajo, hay que aprender a desconfiar mucho de todo aquel que destaca, de quien se empeña en superar esa gris mediocridad tan conveniente. Y en aquella época en el fútbol búlgaro me pareció que alguien estaba cometiendo esa torpeza.

 En entornos que han sido proclives, en el pasado, a la infidelidad, a la traición hay que ser especialmente cauto. Por eso hay que estar siempre alerta, actuar al primer posible indicio aunque todavía no se haya producido, diría más, aunque todavía ni siquiera se haya pensado ni haya ocupado siquiera un segundo en la mente del posible traidor. Sí, lo tenía claro, había que investigar, sobornar, interrogar buscando ese pequeño “hilo” oculto para los demás, incluso para el culpable, que evidenciara el “germen” de la deslealtad, del crimen contra el Estado, de la traición al pueblo siempre soberano. Aquello olía a Expediente….y tras acabar con la revuelta militar me puse a ello. Os lo cuento en esta hora proclive a la sinceridad: 

Si hoy preguntamos por futbolistas búlgaros sobresalientes seguro que el nombre de Hristo Stoichkov, e incluso para los más jóvenes el de Dimitar Berbatov serían los únicos señalados. Pero quien fue nombrado como futbolista más destacado del siglo XX en su país y además elegido en la 40ª posición por la FIFA en la clasificación de los mejores de todos los tiempos no fueron ellos, fue otro. Georgi Asparuhov, conocido habitualmente como Gundi, era la estrella rutilante del fútbol búlgaro aquel 1965 cuando volví a Sofía. Sin duda era un delantero muy completo, ágil, poderoso en el juego aéreo. Le pegaba bien con las dos piernas, tenía una gran movilidad y decían de él que no era nada egoísta; si veía a un compañero en mejor posición no dudaba en pasar el balón dada su magnífica visión de juego.

Gundi había dado sus primeros pasos en el fútbol en el equipo infantil del Levski de Sofía y en 1961 consiguió la liga juvenil. Un año más tarde, debido al servicio militar, se marchó al Botev Plovdiv, con el que se estrenó en la máxima categoría. En 1962, gracias a Gundi, se proclamó vencedor de la Copa y un año después subcampeón de liga. Evidentemente para 1964 ya fue reclamado por el Levski. Fueron ocho años brillantes, los títulos fueron una constante y lograron tres ligas y tres Copas .superando a nuestro CSKA de Sofia, sí, ¡superando al equipo del Ejército!. ¿Y es que a nadie en Inteligencia Militar le hizo pensar eso? ¿Es que nadie hasta mi regreso a Sofía pudo intuir el peligroso germen que podía estar incubándose?.

 En Europa, en aquel tiempo, fue memorable el enfrentamiento del Levski con el Benfica de Eusebio. En la ida empataron a dos y en la vuelta, en Lisboa, ganó con muchos apuros el equipo portugués por 3-2. Todos los goles del Levski en la eliminatoria fueron obra de Gundi, los cuatro. ¿Todos los goles marcados por él? ¿Nadie vio la raíz del individualismo capitalista en ese hecho?. ¡Me río yo de la solidaridad socialista de Gundi!. 

Y eso no es todo. En el año de mi segunda visita Gundi fue el máximo goleador de la liga y resultó nombrado “persona del año”, ni más ni menos, un peligro objetivo. Con el combinado nacional de Bulgaria fue internacional en 50 ocasiones, logrando 19 goles. Es muy recordado un gol que marcó en Wembley frente a Inglaterra en 1968 (resultado final 1-1) y que le consagró como el primer jugador del país que anotaba en el mítico estadio inglés. Ese mismo año, en la Eurocopa, Bulgaria pasó como líder del Grupo 2 que completaban Portugal, Suecia y Noruega y en cuartos de final fue eliminada por Italia tras ganar en la ida por 3-2 en Sofía y caer por 2-0 en Nápoles. Además, participó en tres mundiales consecutivos: Chile’62 ; Inglaterra’66 y México’70. Equipos como el Milan o el Benfica quisieron su traspaso pero Gundi nunca quiso abandonar Bulgaria. ¿Qué labor, que trabajo, qué interés le motivaba a continuar en Sofía?. 

Había pues razones objetivas, claras, cristalinas para volcarme en aquella investigación. Horas de análisis, de seguimientos, de escuchas, de sobornos, de interrogatorios. De amenazas y de algo de sangre. Y he aquí mi fracaso. Tras años de intentarlo no pude conseguir no ya una prueba, ni siquiera ese pequeño “hilo”, esa “sombra” de duda que permitiera justificar un Expediente. Aquello se cerró con un simple Pre-Expediente. 

Lamento profundamente que los jóvenes e inexpertos subalternos búlgaros que me asignaron para aquella tarea (los mismos que años después hicieron un gran trabajo en el Vaticano) no entendieran bien mis últimas órdenes o quizás fue que el celo, mal entendido, les confundió. Yo no podía cerrar el Pre-Expediente sin asegurarme que cualquier posibilidad de crecimiento de una raíz malsana quedara cercenada. Pero, os lo juro, yo solo hablé de darle “un susto”, un “aviso”, una “advertencia”.

Desgraciadamente Gundi falleció a los 28 años, de forma trágica, junto con su compañero Nikola Kotkov, otro gran futbolista, en un accidente de automóvil ocurrido cerca de Vitinya en los Montes Balcanes, el 30 de junio de 1971. Cuentan que a su funeral, celebrado en Sofía, asistieron para rendirle tributo cerca de 550.000 personas.En 1990, el Levski rebautizó su estadio con el nombre de Georgi Asparuhov, y en 1999 recibió a título póstumo un premio por su juego limpio. 

De verdad que lo siento, Gundi. Pero yo no puedo culparles. Entiéndelo, son gajes del oficio. Todavía viendo aquellas fotos sigo pensando que, en el fondo, yo tenía razón.

jueves, 7 de mayo de 2020

El expediente Masopust


Avanzaba la tarde en Moscú cuando recibí, alborozado y por sorpresa, su visita. Sí, nuestro Almirante, de vez en cuando, solía premiarme con su presencia en mi humilde despacho. Le gustaba descansar sus ojos mirando el Moskova, a través del gran ventanal, y esa suave nieve cayendo, blanqueando las calles, mientras crecían las primeras luces que iluminaban la ciudad. Unos vasos de mi mejor vodka solían hacer el resto y la conversación surgía, habitualmente, sin asperezas ni aristas, fluyendo apacible como siempre que conversas con alguien a quien quieres y admiras. ¡Que magníficos momentos fueron aquellos y cuánto aprendí en ellos!.


Sin embargo, en aquella ocasión, tras el abrazo “reglamentario”, dándome la espalda, sin apartar su mirada del Moskova, y antes de que pudiera siquiera “desenfundar” mi mejor botella de vodka, sonó su voz. Y sonó dulce, sí, pero con ese punto de autoridad con el que te hacía saber que, en aquella ocasión, no iba a admitir un “no” por respuesta.
“Mi General, ¿me permitiría repasar alguno de los expedientes especiales de su departamento,, en concreto, los que están en su archivo personal?”. Entendí, entonces, que aquella reunión no iba a ser solo un ratito improvisado de buena camaradería.

“Mi Almirante, por favor, sabe usted, de sobra, que está en su despacho….”. Le entregué las llaves de mi archivo personal y al poco nos encontramos sentados ambos en mi escritorio, frente a frente, él con la carpeta que había seleccionado en su mano. Leía el expediente mientras sonreía, con ese gesto burlón suyo tan característico. Era evidente que había encontrado lo que buscaba.
Al poco deslizó suavemente la carpeta hacia mí y musitó con voz de encantador de serpientes, “¿No cree, General, que es tiempo para que escriba un informe final y pueda dar por cerrado este expediente como ya hizo, en su día, con el Expediente Strelsov?....indudablemente corren nuevos tiempos, mi querido Asilovich, y usted no es ajeno a la nueva situación. Digamos que hay ciertas cosas que conviene ya hacer públicas…¿no lo cree así, General?”….

Ayer mismo, finalmente, resultado de aquella entrevista, quedó completado el informe, por supuesto por triplicado, y puestos ya los diez sellos pertinentes. Hora es, pues, de hacerlo público, como me pedía nuestro Almirante, por el conducto reglamentario.

"Praga, primavera de 2012.
La primavera en Praga siempre me resulta evocadora. Nostalgia, tal vez, de tiempos mejores. Mientras espero tu llegada, sentado en una mesa de esta coqueta terraza, cierro los ojos y vuelvo a escuchar el maravilloso sonido de aquellos tanques avanzando por la Plaza Venceslao . En aquel Agosto de 1968 tenía lugar la “Operación Danubio”, perfectamente diseñada, , el verdadero rostro humano del socialismo y en una ciudad, Praga, que siempre me pareció un lugar perfecto para invadir. Están en el medio y además son pocos.

Aquella iba a ser, cuarenta y cuatro años después, la última vez que nos veíamos. No sé qué hora marcaría el reloj de la plaza pero las luces parecían, todavía, tenues. En la esquina un tipo tarareaba, con voz aguardentosa, una canción. El fuerte sonido de su voz se mitigó cuando apareció la tuya, siempre suave, como tu fútbol, una especie de bruma cósmica con swing. Tras tu voz, tus ojos, invariablemente despiertos, acompañando tu primer saludo siempre con mensaje.

“Las armas sirven, mi General, para matar hombres, pero como habrá terminado por comprobar nunca sirvieron para matar ideas”.

Así era Josef, observador y abierto, poco dado a juicios radicales y dispuesto a comprender pero también directo y firme cuando era necesario.
En realidad la historia de Josef Masopust, que así se llama mi acompañante, es casi la historia de Chequia en el siglo XX y la de uno de sus equipos más laureados, el Dukla de Praga, el equipo de Josef y el equipo del Ejército. De alguna manera nuestro equipo.

Josef lloró por primera vez un 9 de Febrero de 1931. Hijo de un minero de Most, lo que siempre marca carácter, vio la luz en un pequeño pueblo de los Sudetes donde los checos eran minoría con respecto a la población de origen alemán. Eso fue, pocos años después, lo que “justificaría” su invasión desde el Oeste germano. Podemos decir, pues, que Josef aprendió a jugar a fútbol entre nazis. Siempre me ha gustado escucharte cuando describías tu infancia.

“Yo vivía en un pueblo pequeño en el que checos y alemanes éramos iguales. Eramos amigos. La política daba igual. Aquello terminó cuando la política lo envenenó todo. Los alemanes se quedaron con todo y a los checos nos tocó la indigencia. Quien quería prosperar se declaraba alemán. Pero mi padre y mucha gente en Most no quisieron hacer eso y Most era muy estratégica para los alemanes porque necesitaban su carbón.”

Tiempos duros, muy difíciles, estimado Josef, qué duda cabe. A pesar de todo lo que te rodeaba en aquellos años, tú, como otros niños, solo pensabas en el balón. Durante la guerra no pudiste jugar en ningún club organizado, privilegio solo reservado para alemanes. Así que, nuestro Josef, se formó donde siempre se han formado los mejores, jugando en la calle y con los consejos de su padre.
“Yo tenía cinco hermanos así que mi madre bastante tenía con nosotros como para ir, además, a trabajar. Mi padre, que era minero, fue mi primer entrenador. Siempre me decía lo mismo “Pepik, si quieres jugar a fútbol en condiciones, tienes que saber golpear bien el balón con los dos pies”. Lo otro que me enseñó fue “si quieres ganar, tienes que aprender a perder. Así no te vendrás abajo y sabrás reponerte.””. Indudablemente Josef, tú padre era checo, un buen checo.

Como todo en la vida, la guerra también terminó y con ellos el despreciable invasor germano. Fue entonces, en plena adolescencia, cuando Josef pudo acceder a jugar a fútbol en un equipo serio. Empezó jugando en el Banik Most, pero sus cualidades pronto llamaron la atención. Era un ”todocampista” de manual, de cabeza alta y zancada elegante, un mariscal de la zona ancha, capaz de jugar en corto y en largo. Lo mismo se ofrecía para el pase que acudía raudo a la cobertura del compañero. La gente discutía, porque no podía discernir, si era diestro o zurdo. Como además tenía buen regate más tarde se le definió como un “capitán general con dotes de bailarín” Así que, con esas credenciales, pronto, con 17 años, fue fichado por el Teplice y ya estaba jugando en Primera División.
Era el tiempo, ahora llamado “oscuro”, de nuestras purgas. Fui destinado a Praga justo cuando vuestros dirigentes más notables colgaban en la horca por generar alguna “duda”. El año en que se fundó el Dukla Praha, el honorable equipo del más honorable Ejército, la máxima representación del poder rojo. Su nombre, Dukla, lo elegí yo mismo en recuerdo de los camaradas caídos en el Paso de Dukla, una de las carnicerías más crueles y sangrientas del frente oriental. Mis órdenes, recibidas directamente de nuestro líder, fueron militarizar y disciplinar aquella sociedad checa, algo confundida todavía, demasiado liberal, y prepararla para la Tercera Guerra Mundial.

Creo que hice bien mi labor. Pocos años después, de hecho, aquella sociedad checa “agradecida” levantaba, por voluntad inducida, el mayor monumento a Stalin del mundo, un coloso de 30 metros de granito situado muy cerca de donde aquel día de primavera, mi querido Josef y yo, tomamos el último café.En aquel Dukla pasaste 16 años de tu vida. Ocho ligas y cuatro copas te contemplan. Perteneciendo a sus filas lograste tus grandes éxitos deportivos y ni aún así, Josef, ni aún así pude ver nunca en tu rostro un mínimo gesto de aprecio o de comprensión hacia lo que hicimos.


Vale, no era el Dukla el equipo del pueblo, cierto, ¿siempre mirado con sospecha?, de acuerdo, ¿frio y artificial?, posiblemente, ¿rebosantes las gradas de medallas colgando de uniformes militares?, así es. Y, añado, habitualmente acusado, con cierto desprecio, de llevarse gratis los mejores jugadores del resto de equipos. ¿Pero es que acaso tendríamos que pagar por ellos?.
“Al principio, la gente no nos apoyaba, pero cuando empezamos a jugar bien y participar en competiciones europeas, eso fue cambiando poco a poco. Pero muy poco a poco. Cuando cambió de verdad fue con la Copa de Europa. Nunca se había jugado en Chequia y venía mucha gente a vernos. Tener aquí al Real Madrid, al Benfica de Lisboa, al Manchester United… En aquellos partidos todo el mundo nos apoyaba muchísimo”.Ah!, los resultados, siempre los resultados. No obstante, un poco cándido tu comentario, querido Josef. Quizás conseguimos que dejaran de odiarnos y pasaran, simplemente, a ignorarnos o, tal vez, ni siquiera logramos eso y solamente se trató de un odio silencioso y, en el fondo, la gente siguió disfrutando, calladamente, de nuestras derrotas. Fueron los tiempos del conocido como ‘trío de oro’: Josef Masopust, Svatopluk Pluskal y Ladislav Novák, un tridente letal tanto en el Dukla de Praga como en la selección checoslovaca. A ellos se les sumarían talentos como Kouba, Safranek y Viktor, uno de los mejores porteros que jamás haya visto.

Pero debo reconocer que tus grandes éxitos, Josef, los que, de verdad y para nuestro disgusto, te mostraron al planeta fútbol fueron tus éxitos internacionales.En Suecia-58 aplastaste a Argentina (6-1), uno de esos días en los que asombraste al mundo. Un año después el Dukla jugaba con el mismísimo Santos de Pelé, en Ciudad de México. Vuestro entrenador os había dicho “No hay nada que hacer, jugad lo mejor que sepáis, al Santos no se le puede ganar”. Y tú, tan irreverente como siempre, sangre minera, lograbas, casi en el descuento, el cuarto gol que volteaba el 2-0 inicial y que os daba la victoria en un memorable 3-4.“Aunque fuera un amistoso quizás fue la mayor alegría deportiva de mi vida. Un sueño hecho realidad. Como un cuento de hadas que nos hizo pensar lo lejos que aquella generación podía llegar”.

Y llegó lejos. En la Eurocopa del 60, la Checoslovaquia liderada por Josef fue tercera. Cayó en la semifinal contra nuestra selección, la URSS, (¡qué placer provoca todavía escribir su nombre!) Ya sé que nunca nos perdonarás aquella visita, previa al partido, que hicimos a vuestros dirigentes. Razones de Estado querido Josef, cosas de la alta política.

Chile, 1962. Hay historias capaces de traspasar un telón de acero. Tal vez, aquel Mundial de Chile resultó el más violento de la historia.. En la primera fase se lesionaron 24 jugadores. En el Argentina-Bulgaria el árbitro español Juan Gardeazabal pita una falta cada 78 segundos. En el partido entre Italia y Chile, conocido como la Batalla de Santiago, las tibias tuvieron más protagonismo que el balón. Y, en medio de tanta violencia, tú, Josef, resultaste, digamos que, “contracultural”.

Quizás por eso, al terminar ese Mundial, la FIFA te declaró “caballero del fútbol”.
“Ocurrió en el partido contra Brasil de la primera fase, empatamos a cero y tuve un gesto que Pelé cita con frecuencia. Sufrió una lesión, pero como en aquella época las sustituciones aún no estaban permitidas, lo veía cojear por el campo. Cuando le llegaba el balón, decidí no entrarle y dejar que pasara el balón a un compañero e indiqué a mis compañeros que hicieran lo mismo. Me hubiera parecido ventajista hacerlo”. El desgarro que sufrió Pelé le invalidó para el resto del Mundial. Tras eliminar a Hungría y Yugoslavia con portentosas actuaciones de Josef Checoslovaquia llegó a la final. Enfrente Brasil.Un gol de Josef, cómo no, adelantó a Checoslovaquia en una llegada rápida al área, con una pared y toque suave bajo la salida de Gilmar. pero al final el genio de Garrincha, de Amarildo, de Vavá o de Zito, por citar algunos de los integrantes de aquel equipo de ensueño se acabó imponiendo por 3-1. Nuestro héroe nunca pudo olvidar el arbitraje de la final, (el camarada Latychev hizo bien su trabajo). “Se notaba que no quería que ganáramos de ninguna manera. Hubo un penalti claro de Mauro que no pitó”.

Garrincha fue designado el mejor jugador de aquel mundial. Segundo fue Masopust, que como el resto de sus compañeros fueron recibidos como héroes en Praga. Aquella actuación le valió el balón de oro, imponiéndose por dos votos (65-63) a Eusebio que venía de ganar la Copa de Europa con el Benfica. Quizás sea uno de los “balones de oro” más desconocidos de la historia. y debo reconocer que fuimos nosotros los que nos encargamos de poner “sordina” a ese premio. El pretexto oficial fue la prioridad comunista de lo colectivo frente al individuo. La razón real fue que vimos con recelo que el primer Balón de Oro tras el telón de acero no fuera para un soviético. Al año siguiente lo ganó nuestro gran Yashin, y eso ya fue otra cosa. Su figura gozó de una enorme exaltación en todos los países del entorno, incluida Checoslovaquia, que festejaron su Balón de Oro como un orgullo de toda la gran familia comunista.

Sin duda la verdadera dimensión de Josef como jugador la definen los comentarios que otros grandes futbolistas le dedicaron, desde Pelé “No es posible que naciera en Europa, ¡debió ser brasileño!”, pasando por Puskas “Del Sol era un gran medio defensivo, Suárez un genio del pase, Gento fantástico encarando defensas pero Masopust hacía todo eso a la vez. Era un fuera de serie”, o Pluskal, su compañero de equipo, “Siempre destacaba, no perdía un balón. Hacía pases cortos y paredes hasta que veía un hueco y, entonces, despegaba elegante dejando atrás a uno, dos, tres contrarios. Los sorteaba por un lado o por otro como si fueran banderines en un campo de entrenamiento”.

Así que, al visitar Praga, que nadie se sorprenda al ver, en el Eden Arena (el Slavia ha asumido su legado), la figura de Josef Masopust y el reluciente balón de oro que ganó en 1962. Pero es que El Caballero Checo fue nombrado ciudadano honorario de Praga y es hoy uno de los símbolos de la ciudad."

Cierro así el informe de este expediente. Amado después de ser repudiado por nuestra culpa , así son las razones de Estado, poderosas y prioritarias. En fin, Josef, permíteme que, por orden del Almirante, te haga este pequeño homenaje público, algo tardío, sí, pero sincero. Fuiste un gran jugador y,sobre todo, fuiste un gran caballero.

miércoles, 26 de febrero de 2020

Momento decisivo

El Athletic, ante la liga y la copa
De aquí a dentro de 12 días vamos a vivir un momento decisivo de la temporada.

En la copa nos jugamos el pase a la final.

En la liga jugaremos dos partidos, una fuera y otro en casa, en los que es imperativo sumar parte de los puntos que nos faltan para estar tranquilos, so pena de recibir a un rival tan duro como el Atlético en situación de alerta roja.

Nos llegan estos tres partidos en un momento malo anímicamente: en la afición y me temo que también en el vestuario. La malísima racha liguera ha ahogado el estado de euforia que se alcanzó tras eliminar al Barcelona.

Pero las rachas, las buenas y las malas, duran lo que duran. En algún momento se acaban. Espero que sea el domingo. Ganar al Villareal es la mejor forma de preparar el partido de Granada.

Antes de todo esto, esta misma tarde a las 19:00 (Eurosport), en San Mamés las neskas reciben al Madrid camuflado bajo el nombre de Tacón. Suerte a las nuestras. Personalmente tengo mis dudas sobre si las ventajas de jugar estos partidos en la catedral superan a los inconvenientes (que también los hay) o no, pero en todo caso: ¡Aupa Athletic!